La respuesta a Zavalita, por Aníbal Quiroga

Escribe: Aníbal Quiroga León (publicado originalmente en Perú21)

En la monumental obra Conversación en la Catedral, estando en el bar, el escribidor le hace inquirir a un angustiado Zavalita, ¿cuándo se jodió el Perú? Hace algunos años, ante un repleto auditórium, un joven estudiante le reiteró la pregunta a Vargas Llosa. Desde su enorme estatura intelectual le respondió que, cuando escribió aquella interrogante en la década de los 60, recreando la historia nacional de los 50, sintió que habíamos tocado fondo. Luego constató, lastimosamente, que la caída podía ser mucho mayor, llegando a ser insondable. Esa ha sido nuestra triste realidad.

Con la abrupta censura a José Jerí y la apurada nominación de un nuevo presidente transitorio por escasos cinco meses (el noveno presidente en diez años), se demuestra que el escribidor no estuvo errado y que su pensamiento mantiene una dramática actualidad. Desde la academia constitucional, con una inusual unanimidad, se advirtió en todos los tonos que a un presidente de la República, aun siendo transitorio, solo se le podía vacar conforme a la Constitución, y no “censurar” bajo la ficción de que sigue siendo, al mismo tiempo, presidente del Congreso (CR), cargo que no ejercía y que es incompatible con la jefatura de Estado. Es, además, absolutamente contrario al principio de “separación de poderes”, que se estructura como la columna vertebral de nuestro Estado de derecho constitucional. Pero el debate entre los “políticos ilustrados” y los poco avisados académicos se exhibió como una verdadera “torre de Babel”.

No se hizo caso. Peor: “ilustres”, afrancesados, atildados, “versados” y pomposos candidatos obviamente interesados en las inminentes elecciones hicieron mofa y escarnio de eso. La expresión “Sí, doctorcito, usted puede saber mucho, pero en política la cosa es diferente…” refleja la orfandad de su argumentación. Y, como siempre, intentando matar al mensajero. ¡Buena!

Por causa de todo ello hemos entrado en un peligroso compás de espera. Discutibles indultos para dar impunidad a un evidente golpe de Estado se han puesto en lista, polémicos salvoconductos se han clamado allende las fronteras, relevos de jefes policiales en medio de una severa crisis de seguridad se han exigido por no ser del agrado y conveniencia de quienes tienen problemas con la justicia, el testarudo pedido del cambio constitucional por la vía de una pretendida Asamblea Constituyente que no está en la Constitución y que pondría en severo riesgo nuestra estructura económica, el riesgo de afectar la transparencia y resultado legítimo de las elecciones limpias, la necesaria transferencia del poder que debe hacerse en julio venidero a quien resulte legítimo ganador de estas elecciones. Todo esto es lo que se pone en riesgo desde un evidente sector ideológico que cree que ha recuperado el poder con la reciente elección de un nuevo presidente transitorio. Esta semana, con una gran ceguera política, muchos le han hecho el juego a este resultado, queriendo y sin querer. No llegan a darse cuenta del penoso papel de tontos útiles que acaban de protagonizar.

¿Cuánto se afectaría al país? ¿Cuánto afectaría a la economía? ¿Cuánto afectaría a la estabilidad política? Está por verse. Nuevamente, el maltratado CR tendrá la principal responsabilidad de constituirse en el reducto de la defensa institucional, democrática y constitucional del país. Han perdido una batalla por sus propios errores internos. No han aprendido mucho de la experiencia de 2021.

Desunidos, pierden todo y nuevamente han facilitado el triunfo de las opciones radicales que no son democráticas, ni institucionales, ni compatibles con la vida constitucional. A ellos solo les interesa la conquista del poder bajo la admonición de que el “fin justifica los medios”. Una vez capturado el poder, no se le deja. Eso de la transferencia o alternancia del poder son “pelotudeces democráticas”, advirtió con todo desparpajo y crudeza el aún congresista Bermejo, actualmente en prisión por la efectividad de una sentencia condenatoria de primera instancia —aún no firme— por el delito de afiliación a una organización terrorista, nada menos.

Por eso, el intento de Castillo de perpetuarse en el poder por la vía del golpe de Estado y la manoseada Asamblea Constituyente. Ese fue su leitmotiv. ¿Cuándo podrán comprenderlo? ¿Cuándo aprenderán a dejar los egos facciosos buscando la unión aun a costa de un sacrificado renunciamiento personal? ¿Cuándo se hará realidad la quimérica frase de nuestra fundación republicana, perennizada en nuestro escudo nacional, de “Firme y Feliz por la Unión”?

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