El proceso penal contra Jesucristo a la luz del nuevo Código Procesal Penal

Ante el advenimiento de las fiestas santas y la celebración de la vida, muerte y resurrección de nuestro señor Jesucristo, me preguntaba anoche qué hubiera pasado si después de más de dos mil años, se iniciara un proceso penal contra el hijo de Dios a la luz del nuevo Código Procesal Penal.

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El perfil jurisdiccional de la tragedia de Jesús —narra el padre Juan Rogger Rodríguez— es que el proceso penal instaurado en su contra se realizó sin normas ni formas. Jesucristo fue sometido a un juicio extremadamente sumario y juzgado de noche por jueces, aunque con rostro, sin rasgos de humanidad. La noche es propicia para los asesinos, no la hora de los jueces.

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Si le damos una mirada jurídico-procesal retrospectiva al juicio del Nazareno, a la luz del nuevo Código Procesal Penal —en teoría de corte garantista, acusatorio y adversarial—, debemos indicar que este no respetó los mínimos estándares internacionales como el debido proceso, la tutela jurisdiccional efectiva y el irrestricto respeto a contar con un abogado de su libre elección o de la defensa pública.

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En principio, la detención del acusado no se efectuó con mandato de autoridad competente. Fue detenido por particulares, lo que desnaturaliza la intervención, pues no hubo flagrancia delictiva. Es, más bien, secuestro. Los cargos contra Jesucristo fueron por blasfemia y sedición.

De la misma forma, el Sanedrín, compuesto por 71 miembros, tenía una función administrativa y judicial. No tenía competencia para juzgar el delito de sedición, menos sancionar con la pena capital. Su competencia era para delitos menores, era algo así como la competencia que tienen los juzgados unipersonales que solo pueden juzgar procesos de delitos menores a seis años (mientras que el juzgado penal colegiado sustancia delitos mayores).

Entonces, la sentencia del Sanedrín era nula y, por ende, era necesario instaurar un nuevo proceso. Además, en el ordenamiento jurídico romano no era delito adorar a un solo dios distinto a los oficiales. Jesús tampoco debía ser juzgado por blasfemia, porque el hecho de arrogarse la investidura de ser hijo de Dios, no ponía en tela de juicio la autoridad romana. Jesús más bien decía: “dad al César lo que es del César”.

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Es más, la reunión del Sanedrín no tuvo forma de juicio, porque no se aplicó ninguna de las normas procedimentales contenidas en la ley judaica. A decir de Antonio Quartulli, el proceso penal a Jesucristo fue nulo porque el juzgamiento se realizó en la casa de Anás y no en el aula de “Gazith”, donde los juicios por delitos graves debían adelantarse hasta su culminación.

En cuanto al tiempo, la reunión tuvo lugar en horas de la noche, mientras la ley judaica prohibía celebrar en horas nocturnas cualquier proceso, mucho menos tratándose del primer día de vigilia de pascua, pues esa fecha era sustraída a los debates públicos de carácter general.

Asimismo, en cuanto a los términos, se habría pronunciado sentencia después del interrogatorio, mientras que la ley judaica prescribía que la sentencia se emita el día siguiente al de la clausura de los debates, como ahora lo establece el nuevo Código Procesal Penal, que prescribe que después del orden y modalidad de los medios probatorios, se oralizan las piezas procesales y se realicen los debates finales o de clausura, incluida la defensa material o autodefensa del imputado.

De la misma forma —precisa el estudioso Quartulli— en cuanto al modo. El acta concerniente a la audiencia pública fue redactada por los escribas secretarios y no se contestó ninguna acusación, sino que se procedió directamente a un interrogatorio incuestionablemente caprichoso.

El Sanedrín, en lugar de ejercer las funciones de juez penal, asumió el papel del Ministerio Público (acusador), recurriendo para tal fin a la calumnia y al delito, pues buscó sobornos y falsos testigos, sin que dos de ellos se pusieran de acuerdo en sus versiones, número indispensable para constituir prueba legal, según las normas de las leyes romanas y judaicas. De la misma forma, no se le dio a Jesús derecho a la doble instancia.

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A modo de conclusión

En fin, el proceso penal a Jesucristo estuvo lleno de la más grande injusticia humana que se puede haber cometido, la de condenar a muerte a una persona. Por ello, después de más de dos mil años, por todas las razones expuestas, el fallo histórico contra Jesucristo de conformidad con la lógica, las máximas de la experiencia, la sana crítica y los conocimientos científicos e impartiendo justicia a nombre de la nación es ABSOLVER de la acusación judía por los delitos de sedición y rebelión a JESÚS DE NAZARET, por lo que archivar la causa en el modo y forma de ley y remitir copias al Ministerio Público para que actúe conforme a sus atribuciones e inicie investigación contra los que resulten responsables por la grave violación a los derechos fundamentales del debido proceso.

Se corre traslado…

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