El principio de lesividad constituye un pilar fundamental del Derecho Penal moderno, ya que establece que solo aquellas conductas que lesionan o ponen en peligro bienes jurídicos protegidos por el ordenamiento pueden ser objeto de sanciones penales. Este principio busca limitar la intervención del Derecho Penal, protegiendo la libertad de los individuos y garantizando que el poder punitivo del Estado se ejerza únicamente en casos estrictamente necesarios.

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La Casación 974-2023, Ayacucho, emitida por la Corte Suprema de Justicia, aborda este principio en el marco de un caso relacionado con los delitos de tráfico ilícito de drogas y tenencia ilegal de armas de fuego. A continuación, se analiza cómo este principio se desarrolla en el contexto de la sentencia y su relevancia en la interpretación de los hechos y su subsunción jurídica.

Contexto del caso

El caso examina la responsabilidad penal de varios imputados en un esquema organizado de tráfico ilícito de drogas y la tenencia de armas sin la debida autorización. La Corte Suprema se enfoca en determinar si las acciones atribuidas a los acusados cumplen con los elementos típicos de los delitos imputados y si las pruebas utilizadas para establecer dicha responsabilidad respetan las garantías procesales y los principios de interpretación jurídica.

Un aspecto clave de la sentencia es el tratamiento de la tenencia de armas de fuego. La Corte establece que, para que esta conducta sea punible, debe cumplir con los siguientes criterios:

  • El arma debe poseer una especial potencialidad lesiva.
  • La tenencia debe producirse en circunstancias concretas que generen un peligro significativo para la seguridad ciudadana.
  • Si no se acredita la concurrencia de este peligro, el caso podría corresponder al ámbito del Derecho Administrativo sancionador.

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El principio de lesividad en la Sentencia

La aplicación del principio de lesividad en la casación se manifiesta principalmente en el análisis de la potencialidad lesiva de las conductas imputadas. En lo referente a la tenencia ilegal de armas, la Corte enfatiza que no basta con la mera posesión de un arma de fuego sin licencia. Es necesario demostrar que dicha posesión creó un peligro real y objetivo para bienes jurídicos protegidos, como la seguridad ciudadana.

En el caso concreto, la Corte analiza si las condiciones de la tenencia del arma cumplían con este criterio. La decisión de la Sala refleja un esfuerzo por delimitar la aplicación del Derecho Penal a conductas que efectivamente generen un riesgo significativo, evitando sancionar conductas que, aunque irregulares, no trascienden al ámbito administrativo.

Asimismo, en el delito de tráfico ilícito de drogas, se hace un examen del contexto organizacional de los imputados, identificando el perjuicio social y los riesgos asociados a la droga decomisada. Este análisis colectivo se justifica por la naturaleza delictiva de organización, donde las conductas individuales adquieren relevancia al ser parte de un esquema que pone en peligro bienes jurídicos colectivos.

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Crítica y reflexión

El desarrollo del principio de lesividad en la sentencia de casación es un recordatorio de la necesidad de respetar los límites del Derecho Penal. Sin embargo, también plantea interrogantes sobre el grado de subjetividad que puede implicar la valoración de la lesividad en cada caso concreto. En particular, resulta crucial preguntarse cómo se puede garantizar que las decisiones judiciales sobre potencialidad lesiva no se basen en apreciaciones arbitrarias.

Por otro lado, el principio también se enfrenta al reto de equilibrar la protección de los derechos fundamentales de los acusados con la necesidad de tutelar bienes jurídicos colectivos. La sentencia muestra un esfuerzo por mantener este equilibrio, especialmente al abordar las críticas sobre la motivación insuficiente y la valoración de pruebas indiciarias.

Conclusión

La Casación 974-2023, Ayaucho reafirma la importancia del principio de lesividad como límite al poder punitivo del Estado. Su aplicación en este caso refleja un enfoque cuidadoso y racional para garantizar que solo aquellas conductas que realmente lesionan o ponen en peligro bienes jurídicos fundamentales sean objeto de sanción penal. No obstante, la complejidad de los casos analizados subraya la necesidad de continuar desarrollando criterios claros y objetivos para la aplicación de este principio en la práctica judicial.

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