«No hay mejor maestría que la defensa en un caso» [Prólogo]

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El reconocido abogado penalista Jefferson Moreno Nieves ha publicado el libro La defensa de Nadine Heredia. Aspectos procesales, con el sello editorial de LP Pasión por el Derecho. Aquí compartimos el Prólogo del autor que cuenta las motivaciones tras la obra.


Debe haber sido aproximadamente en el año 2015, cuando empecé a estudiar mi primera maestría en la Universidad de San Martín de Porres. En aquel tiempo, recién había egresado de la carrera de Derecho en la misma casa de estudios, y pretendía iniciar una vida paralela a la profesional, que fuese considerada importante para mí mismo a nivel académico.

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Eran casi las cinco de la tarde cuando toqué la puerta del Dr. Nakazaki con la intención de despedirme. En algunos minutos más iniciaría mi primera clase de maestría en la antigua casona de la universidad, y ya había perdido la esperanza de poder hincarle el diente a algo antes entrar al salón. La voz del doctor me llegó desde dentro del despacho:

—Adelante.

—Buenas tardes, doctor —dije, mientras terminaba de ponerme el saco—. Disculpe la interrupción, ya me retiro.

El doctor dejó de teclear y por fin despegó la vista de la pantalla de su computadora: podía haber apostado que el maestro se encontraba inmerso —como casi siempre— en la maratónica e impecable elaboración de un escrito judicial que ya le llevaba días enteros.

—¿A dónde vas? —me preguntó, quizás extrañado de que me retirara cinco o seis horas antes de mi horario de salida habitual, el mismo que voluntariamente me había impuesto con el fin de aprovechar al máximo toda la experiencia y los conocimientos contenidos en aquella oficina. Al fin, lo que me quedaba fuera de allí era la solitaria habitación que por aquel entonces llamaba hogar.

Sin poder evitar la emoción que conlleva todo primer día, respondí:

—Me voy a la maestría, doctor.

—¿Maestría? —me dijo con un tono de fastidio.

—Así es doctor, sí.

El doctor Nakazaki asintió pensativo. Me indicó que me acercara a su escritorio, tomó una gruesa ruma de documentos que descasaban a su izquierda y los dejó caer en mis manos:

—Te presento el caso Accomarca. Esta será tu mejor maestría.

Me desconcertó por algunos instantes. Aunque hoy, sin embargo, puedo decir que entiendo la total dimensión de lo que mi maestro quiso decirme aquella tarde.

Razón no le faltaba. Siempre que él analizaba un caso, lo hacía con tal detalle académico, que de los trabajos que se presentaban en el caso, ya sea a nivel fiscal o judicial, bien podrían haberse escrito infinidad de libros. Pero yo creía que el «cartón» de magíster era importante. No solo se debe ser un buen abogado en la práctica, sino que esto debe verse reflejado en el papel, y durante algún tiempo creí tener la razón.

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No es que la maestría me haya decepcionado; por el contrario, creo que fue muy provechosa en mi formación académica, pero la realidad me iba demostrando que el maestro siempre tuvo razón: «No hay mejor maestría que la defensa en un caso». Incluso dependiendo de la complejidad del caso, este puede llegar a convertirse en tu «doctorado». Así, ya no me sentiría tan sonrojado cuando alguien me dijera «doctor», sin tener el grado necesario.

Sigo creyendo que el «cartón» es importante. Así lo piensa la propia Ley Universitaria, que hace prevalecer los grados obtenidos en papel más que la propia experiencia de litigio, por ejemplo. Fue algo que descubrimos aquellos que, pese a estudiar una maestría, aún no habíamos logrado obtener el grado de magíster y fuimos expectorados de las aulas universitarias con la reciente reforma.

Pero lo cierto es que, desde aquel día, inicié, sin decírselo a nadie, un análisis comparativo entre lo que aprendía del litigio constante y de las clases de maestría interdiarias que recibía en la excasona. Y reitero, razón nunca le faltó a mi maestro. El litigio en los casos siempre terminaba por superar cualquier clase que se podía recibir.

Todo depende del énfasis, de la pasión que se le ponga a los casos que se vienen litigando; de ellos puedes obtener los mejores grados académicos, aunque nadie te otorgue un certificado por ello.

Pero, por ahora, quiero concentrarme en una de las más importantes «maestrías» que he tenido a lo largo de mi carrera como litigante, y aunque no tenga la certificación que corresponde, espero que esta obra se convierta en la inspiración de seguir ejerciendo defensa apasionada en todo caso que deba realizar.

Siendo muy joven, ya abogado, y aún sin el «cartón» oficial de magíster, fui convocado para ejercer la defensa de la ex primera dama del Perú, la señora Nadine Heredia Alarcón.

Sin ninguna duda, un reto para cualquier abogado defensor. No solo por el título que le había correspondido durante el gobierno presidencial de su esposo, el exmandatario peruano Ollanta Humala Tasso, sino también porque el caso para el que había sido convocado era uno de los más complejos que podía conocerse en el litigio. Me refiero al denominado caso Gasoducto.

La defensa realizada en este caso, durante aproximadamente dos años, me permitió desarrollar diversos temas estrictamente académicos que antes en ningún otro caso había desarrollado. Lo que se escribe aquí es producto de aquel trabajo de litigio; por ello, esta obra se debe erigir como la certificación de un desarrollo jurídico realizado a propósito de un caso en concreto.

Debo advertir que en esta obra no se van a encontrar pasajes de conversaciones con mi exdefendida, o información sensible, reservada o privada del caso. No podría hacerlo como abogado ético que intento ser. Todo ello forma parte del secreto profesional, inherente a la labor de la abogacía, y al respeto de la regla de reserva en las investigaciones fiscales.

Esta obra pretende, más bien, un desarrollo estrictamente académico que, con datos públicos, me permita realizar de determinadas instituciones procesales y un aspecto problemático sustancial de autoría en delitos contra la administración pública, como el que se le pretende atribuir a la señora Heredia, en su supuesta calidad de funcionaria de facto.

La obra se encuentra dividida en ocho capítulos, y en cada uno de ellos se desarrolla un tema estrictamente académico.

Cada capítulo se inicia con una breve explicación de por qué el tema fue de trascendencia para la defensa de la ex primera dama Nadine Heredia, y luego se procede al desarrollo teórico del tema en concreto. En muchos de estos temas, lo que hoy se presenta en la obra fue expuesto en su momento ante el órgano fiscal o judicial a cargo del caso.

Finalmente, debo advertir la posibilidad de que la visión que aquí se presenta no sea necesariamente objetiva, sino más bien la visión del abogado defensor que, en su momento, luchó por una investigación adecuada, y una debida aplicación del derecho al caso. Y aunque pueda ser criticado por falta de objetividad, preferiría recibir algún análisis de calidad académica y no sobre aspectos personales. Y es que si algo he buscado desde siempre es que la aplicación del derecho no responda a nombres en concreto, al análisis de quien es el investigado, del contexto político en que se desarrolla la investigación, o simplemente de las preferencias ideológicas de las partes; sino, por el contrario, que los procesos respondan exclusivamente a la debida aplicación del derecho, algo a lo que todos los ciudadanos deberíamos aspirar: recordemos que el sistema penal es de aplicación universal. Esta es la figura que se me viene a la mente ahora: es como un felino que aguarda en silencio, esperando a la presa que habrá de caer en sus garras para, a partir de ahí, decidir si será protegida o sometida. Todo depende de la visión del proceso, y eso, estimados lectores, le puede pasar a un ser muy querido y cercano. Por ello, no debemos pedir para otros lo que puede terminar siendo de aplicación incluso a nosotros mismos.

Quiero agradecer a todo mi equipo, esta vez reformado, compuesto por Emerson Campos, Victoria Melgarejo, Ludwig Pulgar, Giuliana Moreno, Ninoschka Morales, Hilary Chauca, Pablo Suárez, Christel Ocaña y Diego Moreno. Por ellos es que puedo encontrar la paz para poder escribir estas páginas.

Al gran Roger Vilca y a todo el equipo de LP Pasión por el Derecho, que esta vez confían en mí como escritor. Mi eterno agradecimiento a todos ellos, por la confianza que siempre me
dan, desde el primer evento que organizaron como institución y al que me invitaron gentilmente, día desde el cual no hemos dejado de trabajar juntos, demostrando que, para crecer, solo se necesita humildad y esfuerzo.

Y a todos ustedes, estimados lectores, mi gratitud eterna, por confiar en alguien que solo quiere ofrecer lo poco que tiene, y que pretende ser un modelo, como mínimo, de lo que no se debe hacer.

Jefferson G. Moreno Nieves
Lima, 25 de junio de 2021

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