El derecho y la verdad de la información

aUTOR: Erick Daniel Vildoso Cabrera

Sumario: 1.- Introducción. 2.- La búsqueda de la verdad y su manipulación. 3.-La complejidad de la verdad: ¿Se descubre o se construye? 4. Consideraciones Finales.


1.- Introducción

La persuasión para la aceptación generalizada del discurso resulta una tarea compleja y difícil. De esta manera las nuevas tecnologías se utilizan para automatizar facilitar el flujo de información práctica para conducir a la población a una aparente verdad “única” e “incuestionable” bajo un pretendido nivel de bienestar, planificado por los Estados y las empresas, pero esta vez, ya no por intermedio de tratados filosóficos y científicos elaborados por un staff de expertos, profesionales y académicos sino por algoritmos programados por tecnócratas provocando así la distorsión de la objetividad de la verdad de la información. La verdad plasma e integra un polvo informativo arrastrado por el viento digital. En este escenario la verdad finalmente habrá sido sólo un episodio breve de nuestra historia.

2.- La búsqueda de la verdad y su manipulación

En este sentido Aristóteles sostenía que para mantener el balance, y de este modo, lograr la persuasión del discurso era necesario consolidar cuatro pilares: Ethos, Pathos, Logos y Kairós. El Ethos se orienta hacia la autoridad del ponente o la fuente la misma que le otorga credibilidad a la información difundida o le da fuerza a los mandatos o acciones pasadas para replicarlas en otros en el futuro. Weber relacionó el Ethos con la influencia como una manifestación del poder, para desligarlo de la implicación del uso necesario de la fuerza en las relaciones sociales. La autoridad se puede mostrar a través de la experiencia o apelando a la influencia de otros cuando se carece justamente de la experiencia mínima esperada. El Pathos se soporta en las emociones para buscar conectarse con el público apelando a los sesgos, taras y prejuicios para construir las narrativas y retóricas para dirigirse no al jinete sino al elefante de nuestro cerebro, alegoría desarrollada por Haidt, Gottschall y Kahneman, para graficar nuestra predisposición como seres humanos, a generalmente tomar decisiones impulsadas por razones pasionales, es decir, motivados por el lado reptiliano de la personalidad mas no por el lado racional. El logos por el contrario busca la objetividad, la estructura lógica y racional basada en datos y hechos comprobados o comprobables a través método científico. “El dato mata al relato” reza el dicho, pero en el discurso se recomiendo entrelazar de manera armoniosa ambos aspectos para la consecución de los objetivos trazados, tal cual como lo hicieron nuestros antepasados cuando salieron de las cavernas. Harari argumentó que está práctica es lo que nos hizo imponernos frente a los neandertales, quienes pese a ser más fuerte e inteligentes que los homos sapiens, su alta capacidad para racionalizar todo, pero sin matizar su pensamiento con storytellings, para poder persuadir a los otros sobre la realización de alguna meta o proyecto de desarrollo. Por último, Kairós el cual está orientado a determinar el tiempo no de manera cuantitativa como lo hace el crono, sino más bien lo hace de manera cualitativa. Lo oportuno del discurso es importante para que este cale en el colectivo. De lo contrario será rechazado por trasmochado o por ser muy adelantado a la época. (Gutiérrez y otros 2025: 187)

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3.- La complejidad de la verdad: ¿Se descubre o se construye?

Amalgamar estos cuatro modos de persuasión para la aceptación generalizada del discurso es en realidad todo un reto por su complejidad y dificultad. Por eso, el uso de las nuevas tecnologías para facilitar este propósito de manera automatizada e inmediata viene siendo una práctica muy común entre los Estados y las empresas para conducir a la población a un pretendido nivel de bienestar, obviamente planificado ya no por tratados filosóficos y científicos elaborados por un staff de expertos, profesionales y académicos sino esta vez por algoritmos programados por técnicos. Sin embargo, a partir de la masificación de las tecnologías existentes sobre análisis de datos no se ha podido introducir la pasión necesaria en los diagnósticos para la resolución de casos concretos, más allá de toda pretensión o intentona por parte de la tecnocracia. La pasión supone un desborde de sentimientos encontrados reprimiendo la razón, para dar paso al amor, al odio, los celos o la ira intensa. De este modo, la prometida felicidad degenera en una felicidad mecanizada, artificiosa e ilusoria, es decir, una falsa felicidad por cuanto, en ese afán de intentar librarnos del error, del fracaso y de la frustración nos privan de experimentar la totalidad de los sentimientos propios de la naturaleza humana. El dolor es parte del aprendizaje. Si nos quitan algunos sentimientos bajo la justificación que todo debe ser felicidad no solo nos despojan de nuestra dignidad sino también de nuestra autosuperación personal. Y si no sentimos plenamente y si no crecemos permanentemente estaremos condenados a perder nuestra humanidad, para convertirnos en objetos de la voluntad y deseos de otros. Por eso, la felicidad no puede reducirse a una fórmula matemática. De hecho, no existe una sola receta sino varias maneras de alcanzar la felicidad siendo el individuo el más calificado, para optar por una o por otra sobre la base de sus deseos e intereses propios. Aquí justamente radica la transición entre la modernidad y la posmodernidad. Una modernidad que buscaba una sola manera de hacer las cosas, una verdad única con respecto a una posmodernidad que busca actualmente multiplicidad de verdades sin esperar una verdad definitiva, es decir, hemos pasado de un absolutismo a un relativismo para poder entender las cosas que nos rodean. Así lo plantea la dicotomía de Nietzsche, al mostrarnos lo apolíneo que comprende el aspecto racional cuya promesa es el aprendizaje sin dolor y lo dionisíaco que abarca lo pasional cuya promesa es la irracionalidad para sentir placer. Librarnos del dolor suena un discurso muy atractivo e incluso altruista, pero como Hegel diría: no existe bondad sin pecado.

Por eso, Lioba Simon Schuhmacher (1998) al analizar la respuesta de Mefistófeles a Fausto sobre su identidad: «Pues (soy) una parte de esa fuerza que siempre quiere el mal y siempre logra el bien (…)” advierte que, si bien se trata de una paradoja, “justo cuando la voluntad y acción de Dios son destructivas, el ansia diabólica resulta ser creadora”, el autor concluye que Mefistófeles logra convencer al protagonista no con la pregunta ¿debo hacerlo? más bien ¿cómo debo hacerlo?, es decir, no centrándose en criterios valorativos sino en criterios prácticos de la manera siguiente: “colaborando con el diablo y deseando el mal, Fausto podrá acabar del lado de Dios y lograr el bien.» Luego el protagonista firmó el pacto de sangre aceptando ser esclavo del demonio o “de quien sea”.

No obstante, debemos identificar las farsas del maligno y sus seguidores para convencer a los incautos como Fausto sobre la base de las buenas intenciones del discurso, las cuales como reza el viejo adagio, las buenas intenciones sirven para empedrar el camino al infierno y no al paraíso prometido. Por lo tanto, precisamos lo siguiente: la respuesta de Mefistófeles a Fausto cuando le pidió su identificación: “Soy una parte de esa fuerza que siempre

quiere el mal y siempre hace el bien” es la clara contraposición de la naturaleza humana descrita por el apóstol Pablo cuando renegaba en el Capítulo 7 y versículo 18 en su carta a los Romanos: “el querer el bien está en mí, pero no el hacerlo”. La primera diferencia la encontramos en la autopercepción del demonio como una parte y no como un todo como lo precisa el santo en el desarrollo de su epístola. De hecho, Fausto también se lo hizo notar y recibió la respuesta siguiente: “aunque el hombre, ese pequeño mundo de locos, suele considerarse un todo, yo soy una parte de la parte que al principio lo era todo”, es decir, el diablo le puntualiza que en realidad no se trata de un componente de su naturaleza sino una extensión artificiosa de la misma. Por eso, Schuhmacher (1998) al explicar la frase diabólica: “¡Yo soy el espíritu de lo contrario!, nos da a entender que el lado oscuro radica en pretender corregir los “errores de la naturaleza”, como son: el sufrimiento ante el fracaso y la dotación de características super humanas o fantásticas para no fracasar o peor aún no sentir sufrimiento ante el fracaso bajo la justificación de alcanzar la felicidad plena y permanente. Reiteramos que este discurso en apariencia suena muy seductor porque es la capa de la superficie. Al escarbar encontramos la negación de nuestra naturaleza al pretender “corregir” las limitaciones de aquello que justamente nos hace humanos. Y al perder nuestra humanidad entonces pasamos a ser cosificados por esos que nos vendieron la retórica del mundo ideal dado que el mundo real era espantoso. De esta manera, el autor continúa con la presentación de Mefistófeles: “(…) todo cuanto nace está destinado a perecer; por ello sería mejor que nada surgiese. De suerte, pues, que todo eso que llamáis pecado, destrucción, en una palabra, el mal, es mi verdadero elemento.» (p. 528). Entonces nos damos cuenta que, se presenta a lo natural como algo defectuoso y que debe ser cambiado por otra cosa que promete ser mejor a lo que nos tocó o nos fue dado. El lamento del otrora Saulo de Tarso es claro en el versículo 23 y 24: “veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Por su parte Schuhmacher (1998) dice: Fausto siente que lo importante es el keep moving es decir, no pararse. (…) Fausto está dispuesto a dar el alma al diablo en el momento que aspire a un descanso. Lo que importa es el proceso, el camino, no la meta”. Y luego cita la pregunta clave del Fausto a Mefistófeles, luego que el demonio le dio a conocer la verdadera naturaleza humana: ¿Qué debemos hacer, pues?

Los dos escritores coinciden en que mantener la naturaleza es negativo por eso Pablo invoca una rebelión y Goethe, a través de Fausto, un movimiento, es decir, en ambos casos claman por un cambio para liberarse de las limitaciones de la condición humana. También coinciden en responder de la misma manera las preguntas planteadas: para superar la debilidad del hombre hay que recurrir a una fuerza sobrenatural, pero con la diferencia que la epístola del santo responde a la pregunta planteada con el versículo 25: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” y la obra del alemán así: “Pues irnos, desde luego. ¿Qué lugar de suplicio es éste? ¿Qué vida es ésta, en la que se aburre uno y aburre a los muchachos?».

De hecho, Pablo tomó como referencia la conversión entre el mismo Cristo con Nicodemo cuando lo conminó a “nacer de nuevo”, pero sin volver al vientre de su madre, es decir, dejando atrás el pasado para hacer renacer un nuevo ser.  El análisis de Schuhmacher (1998) sobre la siguiente respuesta del diablo a Fausto tampoco es diferente: “Tiene que renunciar a todo lo que ha conseguido hasta entonces. Todo tiene que ser destruido para allanar el camino del progreso”. Para luego concluir, “Ésta es la dialéctica a la que el hombre moderno tiene que aspirar para vivir, y ésta es la dialéctica que pronto se apoderaría de toda la sociedad”, aquí es donde surge justamente conceptos como el Transhumanismo y la Posmodernidad y el Poshumano, los cuales coinciden en la idea de renegar contra la naturaleza humana por considerarla defectuosa y limitada. (Vildoso y otros, 2022:45). Por lo tanto, es necesaria cambiarla a través de la negación y la dialéctica porque la afirmación es negativa porque no conduce a la felicidad. La promesa de un mundo mejor es muy tentadora. Por eso convence a las masas, a quienes tienen alma de rebaño y por eso son conducidos al matadero sin mayor resistencia. Una vez que entramos a este juego muy peligroso, luego será muy difícil reiterarse. “Es una ley del diablo y los fantasmas. Allá por donde logramos entrar hemos de marcharnos. Para lo primero tenemos libertad, de lo segundo somos esclavos”. (Ossandón y otros, 2021: 241)

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4.- Consideraciones Finales

Con esto no queremos sostener que estamos en contra del progreso o de alcanzar la felicidad. Más bien queremos destacar los beneficios, pero también los riesgos y peligros sin el ánimo de defender una postura ludita, es decir, asumir una conducta responsable frente a los cambios venideros. De hecho, estas pretensiones revolucionarias en contra de la naturaleza no son nuevas. Lo advertimos desde los tiempos de Adán y Eva quienes comieron del fruto prohibido del conocimiento para llegar a ser como Dios, en los constructores de la Torre de Babel para “alcanzar” a Dios, en la mitología griega con Ícaro y sus alas de cera adheridas a su cuerpo para poder volar cerca al sol, pese a las recomendaciones de su padre de no hacerlo, Prometo quien robó a Hefesto la técnica del manejo del fuego y a Atenea la sabiduría provocando el enojo de Zeus, por cuanto el fuego y la razón pasaron a formar parte de la cultura del hombre incorporándose a su deseo de llegar a ser aún más, Faetón con su pretensión de “manejar” el sol desoyendo las indicaciones de su padre Helios provocando también el enojo de Zeus, e incluso al mismo Fausto se le ofrece “seis caballos para hacerse llevar por ellos y convertirse en un verdadero hombre como si tuviera veinticuatro piernas”. Estos personajes se muestran rebeldes contra la autoridad del orden natural de las cosas y al final todos ellos acabaron estrellados al pretender adherirse una cualidad que no tenían porque la naturaleza no se los había dado. Esto explica la presentación de Mefistófeles como el “espíritu que siempre niega” para convencer a su víctima, es decir, como el oferente de lo buscado por el hombre por no tenerlo de nacimiento con la finalidad de superar esas limitaciones y convertirse en el “Super Hombre” de Nietzsche o en el “Homo Deus” de Harari.

Referencias bibliográficas

1. Gutiérrez, J. y otros (2025). El derecho versus la esclavitud informática: De esclavos a robots. Lima: Fondo Editorial Universidad Autónoma del Perú.
2. Ossandón, N. y otros. (2022). Economía y derecho. Lima: Universidad César Vallejo.
3. Schuhmacher, L. S. (1998). En el 250 aniversario de Goethe: Relectura del Fausto como profecía del progreso. Revista de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Oviedo, AO 48(49), 521-539. https://reunido.uniovi.es/index.php/RFF/article/view/419/411
4. Vildoso, E. y otros (2021). Retos del derecho penal ante un mundo globalizado. Lima: Universidad César Vallejo.

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