¿Qué dice la Biblia sobre el derecho y los abogados?

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No es un secreto de que el derecho y la justicia son protagonistas importantes dentro del relato bíblico, más allá del aspecto milagroso de su naturaleza.

Versículos sobre la justicia 

No son pocos los extractos que hacen referencia a la justicia, terrenal o divina. Y a su enseñanza y divulgación bajo el diálogo de lo sagrado. Así se recuerda en Timoteo 3:16 cuando se dice:

«Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia»

La gran mayoría de estas citas tienen como fin que el lector sea más justo en sus acciones cotidianas, sin pensar necesariamente en la ejecución del derecho en grandes juicios o ceremonias. Con un gran énfasis en lo familiar, como es el caso de Juan 3:10 al momento de afirmar:

«En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios»

En ese sentido, la Biblia ve la justicia como un vehículo de crecimiento personal y uno de los valores fundamentales para que el individuo sea un miembro útil de la sociedad. En Proverbios 4:18, por ejemplo, se explica que:

«Más la senda de los justos es como la luz de la aurora. Que va en aumento hasta que el día es perfecto»

Y Corintios 9:10 lo complementa de esta manera:

«Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia»

En ese sentido, el más grande logro de aquel que promueva la justicia, está en otro plano existencial. Siendo coherente con las intenciones del libro y de acuerdo con Timoteo 4:7-8 al decir lo siguiente:

«He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no sólo a mí, sino también a todos los que aman su venida»

Como resumen, podemos entender que la justicia y las leyes eran dos conceptos muy diferentes incluso en la época en la que se escribieron los textos sagrados. Las leyes eran un concepto aparte que era defendida por los «abogados», aunque aquí hay una sorpresa.

Los «abogados» de entonces

El uso de la palabra «abogado» tiene un significado complemente diferente si comparamos su uso en el siglo XXI con el contexto en el que suceden los hechos plasmados en las Sagradas Escrituras.

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Si revisamos la Biblia encontraremos múltiples menciones a «abogados» e «intérpretes de la ley». Se pueden entender como errores en las traducciones e interpretaciones que se hace en las diferentes reimpresiones de este libro. Ya que los abogados de entonces no obedecen al derecho que se enseña hoy en las facultades, si no a las Leyes de Moisés.

Este conjunto de leyes, conocidas también como Ley Mosaica, son  las leyes que Dios le dio a Moisés en el Monte Sinaí después de liberar a los israelitas de la esclavitud en Egipto. Se refiere a los Diez Mandamientos, las ordenanzas para vivir en sociedad y los reglamentos para la adoración.

Es necesario precisar que el gran propósito de estas leyes, según la Biblia, era determinar la importancia de la existencia de la figura del salvador para la humanidad. Y en ese contexto sobrenatural, se genera el concepto de lo que es el pecado y la santidad.

El «abogado» viene a ser un escriba, apelando a la habilidad de estos profesionales en escribir y difundir las escrituras.

Su uso es equiparable con la palabra «doctor», que en estos textos antiguos se usa para catalogar a un hombre especializado en la interpretación y aplicación de las Leyes de Moisés. Y no a un hombre capaz de curar o que haya llevado un doctorado.

Ejemplos de abogados y jueces

Con esa descripción, encontramos a Zenas, que en la traducción de Nueva Biblia Viva y Biblia del Jubileo aparece como «abogado» o «experto de la ley» en Tito 3:13.

«Trata de ayudar a Zenas el abogado y a Apolos en el viaje que tienen que realizar. Ocúpate de que nada les falte»

O la mención sobre los fariseos y abogados que desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan.

Dicho eso, hay personajes que sí ocupa el rol de abogado como se entiende actualmente por los lectores de LP.

Tértulo, orador y experto en las costumbres romanas, es contratado por las autoridades judías de Jerusalén para defenderlos ante el procurador Félix.

Él era alguien que defendía la causa de sus hermanos, pero recordemos que en ese contexto no existí­a una profesión ligada al derecho como la conocemos actualmente. Sin embargo, el término «abogar» se usa varias veces en las traducciones recientes del Antiguo y Nuevo Testamento.

Otro «abogado» más conocido y que obedece a la descripción detallada en este artículo es Gamaliel. Es descrito como fariseo con gran autoridad entre sus contemporáneos, así como un doctor de la ley y miembro del sanedrín.

Algo similar pasaba con los jueces bíblicos, un concepto que no corresponde a lo que entendemos actualmente como juez. Los jueces entonces eran caudillos, lideres militares con un fuerte poder social y religioso.

Y al igual que la palabra «abogado», el término «juez» trae consigo numerosos errores de traducción.  La palabra más adecuada para nombrar a muchos jueces referenciados en el Antiguo Testamento es «rey». Así es el caso de Saúl, el primer rey de Israel y el primero de muchos jueces en ese territorio.

Detalles sobre la ley mosaica 

Si bien hay un gran contexto sagrado en la ley mosaica explicada en párrafos anteriores, hay detalles que la hacen semejante a los conceptos que hoy encontramos en la jurisprudencia.

Estos corresponden a los delitos contra los derechos humanos que forman parte de esta reglamentación, que incluía también delitos contra los derecho divinos. Estos son bastante conocidos de forma superficial.

1.- No matarás

2.- No cometerás adulterio

3.- No robarás

4.- No levantarás falso testimonio contra tu prójimo

5.- No desearás la casa de tu prójimo, ni su mujer, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, nada de lo que le pertenezca

Sin embargo, hay detalles más específicos en el cumplimiento de estas leyes y sus matices.

Por ejemplo, se reconocía la figura del homicidio intencional e involuntario. Cuando se trataba del primer caso, se castigaba con la famosa ley del Talión, como se explica en varios de los libros sagrados. Ese es el caso de Génesis 9:16 y la siguiente línea:

«Si alguien mata a un hombre, otro hombre lo matará a él, pues el hombre ha sido creado semejante a Dios mismo»

Este principio de igualdad absoluta brindaba una sensación de justicia completa y quitaba de medio elementos como la compensación o el perdón. En Números 35:31 se detalla esta idea.

«No se podrá aceptar dinero como rescate por la vida de un asesino condenado a muerte; ese hombre debe morir»

¿Qué pasaba en los casos de homicidio involuntario? La ley mosaica era mucho más generosa en esos casos, aunque eso no quiere decir que se ignorara la falta cometida. De llegarse a demostrar que una muerte tuvo lugar por decisión de Dios y no del hombre, al involucrado se le exiliaba. En Éxodo 21:12-14 se explica lo siguiente de esta forma:

«El que hiera a alguien y lo mate, será condenado a muerte. Pero si no lo hizo a propósito, sino que estaba de Dios que muriese, yo te diré después a qué lugar podrá ir a refugiarse»

Delitos comunes en la Biblia

La investigación en esos casos era realizada por el pueblo, que también actuaba como vínculo entre entre el acusado y los familiares de la víctima que buscaban venganza. O en este caso, justicia.

El robo obviamente está considerado, pero  debemos considerar detalles que no se mencionan en la típica enseñanza de los Diez Mandamientos.

Sin profundizar en el tema, se puede entender que el ladrón debe indemnizar a su agraviado con el montón que equivalga a lo robado. Y de no ser el caso, él mismo ladrón sería vendido para reponer el daño. Pero este punto dentro de la Ley de Moisés tiene bastantes especificaciones.

Si se robaba un objeto o un animal que era recuperado sin daño algunos, había que subsanar la falta entregando el doble de lo sustraído. También se daba el caso de que si el objeto era destruido o el animal era asesinado, se quintuplicaba la cantidad que debía reponerse.

Los delitos contra el honor tampoco son algo nuevo, ya que están considerados dentro de estas leyes. Y la importancia del pueblo era grande al momento de determinar la culpabilidad de los acusados, por lo que era necesario garantizar la honestidad en estos casos.

En ese sentido, en Deuteronomio se cuenta que si alguien miente en el proceso de un acusado como un testigo falso, recibirá el mismo castigo que habría recibido el sentenciado de habérsele hallado culpable. Jezabel, la reina de Israel, es una de las personalidades famosas de este libro sagrado que falleció de esa forma.

Si buscamos más ejemplos de conceptos que sigan siendo validos en el sistema de justicia actual, tenemos los delitos contra la libertad o la propiedad. El secuestro ya era considerado una falta muy grave, aunque en ese momento solía darse con el fin de esclavizar a los otros.  En Deuteronomio 24:7 se argumenta al respecto bajo estas palabras:

«Si un israelita es sorprendido raptando a un compatriota para convertirlo en esclavo o para venderlo, se le condenará a muerte, para acabar así con la maldad que haya en medio de vosotros»

Pero al final, todos los caminos en la Biblia nos llevan a Jesús. Aunque eso se explorará en otro post.

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