[VÍDEO] La honestidad labra un prestigio que se construye paso a paso: entrevista a Javier de Belaunde

En una reciente edición del podcast Juiciosos, producido por LP Pasión por el Derecho, el reconocido abogado y profesor emérito de la PUCP, el Dr. Javier de Belaunde, compartió una visión panorámica sobre su trayectoria y los retos estructurales del sistema de justicia peruano. El jurista, miembro de número de la Academia Peruana de Derecho, analizó la evolución del litigio y el arbitraje en el país, ofreciendo lecciones valiosas para la comunidad jurídica.

Su vocación por el derecho procesal y la solución de controversias nació durante su etapa como practicante en el estudio Echecopar. El Dr. de Belaunde recordó con fascinación las visitas a las antiguas escribanías de Lima y el Callao, donde el contacto directo con la práctica judicial y la discusión con los escribanos forjaron su destreza en el litigio, una base que consolidaría décadas después al fundar su propia firma.

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Con la llegada de los años 90, el entrevistado fue uno de los pioneros en transitar hacia el arbitraje, una materia que surgió como una alternativa relevante para quienes ya tenían experiencia en salas judiciales. Según explicó, la práctica arbitral se nutrió naturalmente de los procesalistas, permitiéndole desempeñarse tanto en la defensa de causas como en el rol de árbitro en procesos de alta complejidad.

Durante la entrevista, recordó un caso emblemático que marcó su carrera: la defensa de los trabajadores de un astillero en el Callao tras una quiebra fraudulenta durante el gobierno militar. Junto al Dr. Ernesto Blume, batallaron legalmente para que la empresa pasara a manos de sus operarios bajo la modalidad de propiedad social, logrando una victoria definitiva en la Corte Suprema que reivindicó el impacto social de la labor del abogado.

Un hito fundamental en su vida fue la organización de los seminarios taller sobre «Derecho y Cambio Social» a finales de los años 70. Por encargo de la Corte Suprema, De Belaunde recorrió el país junto a Luis Pásara para conocer la realidad de los magistrados, descubriendo a quienes denominó «héroes civiles» que administraban justicia en condiciones precarias en provincias olvidadas.

Entre sus anécdotas, destacó la de un juez en Moquegua que, a pesar de trabajar en un juzgado con piso de tierra y condiciones indescriptibles, poseía una biblioteca jurídica impresionante oculta tras una cortina de tela. Esta experiencia le permitió constatar el talento humano existente en el Poder Judicial, así como las carencias de la época, donde los jueces debían enterarse de las nuevas leyes a través de la radio para evitar el prevaricato.

Estos encuentros no solo sirvieron para la capacitación, sino que fueron el germen de instituciones clave en el país. El Dr. de Belaunde señaló que allí se fundó la Asociación Nacional de Magistrados y se sentaron las bases de lo que hoy es la Academia de la Magistratura (AMAG), respondiendo a la necesidad de profesionalizar el sistema y reflexionar sobre la función social del juez.

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Respecto a los intentos de reforma integral, el jurista abordó su participación en el CERIAJUS en el año 2004. A pesar de ser un proyecto serio que incluía diagnóstico y presupuesto, De Belaunde lamentó que la falta de voluntad política impidiera su ejecución, subrayando que mientras los políticos busquen controlar al Poder Judicial, cualquier intento de reforma real se verá frustrado.

Sobre la crisis actual de la justicia, identificó la mora judicial y la sobrecarga procesal como los problemas más críticos, calificando de «inhumana» la cantidad de expedientes que manejan los jueces. En lugar de una reforma total que calificó de «imposible» en el corto plazo, propuso avanzar con cambios parciales y mejoras de gestión que devuelvan la efectividad a la tutela jurisdiccional.

Finalmente, el Dr. Javier de Belaunde dejó un mensaje ético para las nuevas generaciones: «la honestidad paga». Instó a los jóvenes abogados a no cruzar la «línea roja» por presión de resultados y a aprovechar la intensidad del estudio universitario, recordándoles que el prestigio profesional se construye sobre la base de la probidad, la perseverancia y el respeto a la brújula moral.

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