El derecho en diez grandes películas de ciencia ficción

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La ciencia ficción es uno de los géneros más respetados porque suele crear escenarios creativos sin perder la capacidad de proponer reflexiones. Dentro de estos universos, tenemos al subgénero futurista. Ya sea utópico o distópico, nos da un vistazo a lo que nos espera como humanidad.

Y no hay nada más humano que el derecho. ¿Cómo será el mundo de las leyes dentro de algunos años? ¿La conversación alrededor de la jurisprudencia será muy diferente? Pensando en eso, en LP Pasión por el derecho armamos una lista de diez películas futuristas para aprender sobre derecho.

1. Sentencia previa y la prevención del delito (2002)

El gran Steven Spielberg comenzaba el siglo XXI con una gran propuesta cinematográfica, con abundantes huellas judiciales. Sentencia previaMinority report en su idioma original, propone un futuro en el que se ha diseñado un sistema que puede predecir asesinatos. Un modelo que ha sido probado en menor escala y que ha logrado que durante años no se cometan estos crímenes.

Cuando intenta aplicarse este método de justicia a nivel nacional, surge un gran debate sobre la premeditación y el libre albedrio. A la par, el oficial a cargo del proyecto, interpretado por Tom Cruise, se ve señalado como un futuro asesino y debe demostrar que hay fallas dentro de esta nueva forma de sancionar.

Spielberg dirige una joya que se siente pequeña dentro de su inmensa filmografía, pero que es una de las mejores cintas de ciencia ficción hasta la fecha. Además de los dilemas éticos, aprovecha para discutir sus temas favoritos, como los traumas ligados a la paternidad.

Se puede ver en Netflix.

2. Yo, robot y la legislación que protege a los humanos (2004)

Todos los fanáticos de la ciencia ficción conocemos las leyes de la robótica creadas por el escritor y científico Isaac Asimov.

I.- Un robot no hará daño a un ser humano ni, por su inacción, permitirá que un ser humano sufra daño.

II.- Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas entran en conflicto con la primera ley.

III.- Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que no entre en conflicto con la primera o la segunda ley.

Estos puntos son la base de la maravillosa literatura creada por Asimov a lo largo de diferentes sagas, pero que llegó a un punto máximo de popularidad con el estreno de la cinta Yo, robot. Protagonizada por Will Smith, seguimos a un policía paranoico que cree que el sistema no es perfecto y los robots son capaces de cometer delitos. En su momento, descubrirá que tiene razón.

Los más puristas, dirán que estamos ante una pésima adaptación y puedo apoyar esa idea. Sin embargo, el director Alex Proyas nutre de dinamismo e impacto a una historia que se siente tibia en comparación con los libros de culto. Se sostiene, de forma individual, como una curiosa mirada de un mundo obligado a crear leyes en base a su avance tecnológico.

3. El hombre bicentenario y la dignidad del ser humano (1999)

Nadie vio venir el impacto de  El hombre bicentenario, a pesar de que todo indicaba que sería un gran viaje emocional. Basta con revisar a los involucrados para ver que este era un proyecto destinado a la grandeza.

Chris Columbus, que llegaba de dirigir clásicos familiares como Mi pobre angelito y Papá por siempre, dirigía a Robin Williams en el mejor momento de su carrera. Todo sobre una historia basada en el caballero citado en la recomendación anterior, Isaac Asimov.

En esta cinta conocemos a Andrew, un robot que inicia una batalla de 200 años para alcanzar ser reconocido como humano y poder ejercer la principal función de los mismos, morir. Dentro de esta hermosa aventura con claras conexiones a Pinocho, tenemos muchas conversaciones sobre el derecho constitucional y la dignidad inherente de una persona.

Andrew consigue ser declarado humano de facto y no solo de jure, pero aún así la asamblea legislativa mundial que rige en ese mundo alternativo no reconoce su plena humanidad hasta su muerte. ¿Cuántas grandes conversaciones pueden salir simplemente con esta breve idea de la trama?

4. Inteligencia artificial y el derecho de familia (2001)

El diálogo alrededor de Inteligencia artificial es tan fascinante como la propia película.

El genial Stanley Kubrick nunca pudo concretar su sueño de llevar este proyecto a la gran pantalla, por lo que el ya mencionado Spielberg terminó conduciéndolo a un buen puerto. Es, sin lugar a dudas, una experiencia poderosa y triste. Una cinta cuyo final no fue entendido por muchos en su momento.

David, un niño robot, es adoptado por una familia que está lidiando con una tragedia familiar. Con el pasar del tiempo, empezará a cuestionar su propósito y la incapacidad de ser amado por otros al ser «solo» un robot. Inspirado en un cuento infantil bastante evidente, inicia una búsqueda por una hada azul que le permita ser un verdadero niño y así ganarse realmente el corazón de su madre.

Spielberg nos invita a reflexionar sobre la adopción, las sucesiones, la herencia y el divorcio en un mundo en el que los hijos son robóticos. Y con mayor pulso que Columbus en El hombre bicentenario, camina por el sendero de la humanidad y los derechos que esto trae consigo.

5. Robocop y la fuerza policial (1987/2014)

Ya sea en la versión original o el cuestionable remake, Robocop trae a la mesa los limites del accionar de las fuerzas policiales al momento de enfrentar a la delincuencia. La diferencia es que la versión de Paul Verhoeven optaba por una fuerte critica a la sociedad del consumismo mientras que la nueva interpretación de José Padilha pensaba en una acción más pulida.

El debate sobre este filme está más vigente que nunca porque el software y el hardware que se usa en la función policial cada vez se acerca más a lo profetizado por esta cinta de 1987. Los drones y programas de identificación que son desarrollados a favor de este tipo de misiones no se distancian a la ciencia ficción sugerida por el séptimo arte.

Nuevamente, el tema de la definición de la humanidad como fin regresa y es inevitable en todo clásico de la ciencia ficción. Teniendo en cuenta que Robocop es un personaje que roza más el estatus de máquina que de humano, la búsqueda por definirse como persona es fundamental.

6. Juez Dredd y el proceso judicial (1995)

Hemos hablado de una adaptación de Juez Dredd en el post de cine basado en cómics, aunque en esa oportunidad nos centramos en la última adaptación. En esta oportunidad, hablaremos de la cinta protagonizada por Sylvester Stallone en 1995.

Un futuro apocalíptico motiva la creación de efectivos del orden que reúnen todo el poder del sistema. Los «Jueces», en armadura y moto, son capaces de detener, investigar, sentenciar y matar mientras protegen uno de los pocas ciudades que albergan vida: Mega City One.

La película no aprovecha del todo su premisa y se vuelve un vehículo para el lucimiento de su protagonista. Sin embargo, es un retrato de los excesos del cine noventero que todos disfrutamos como un placer culpable.

7. Ready Player One y el derecho de sucesión (2018)

Nuevamente, Steven Spielberg.

En Ready Player One, vamos a un futuro consumido por todos los problemas sociales actuales. El único escape es el Oasis, un universo virtual donde puedes ser cualquier personaje que gustes y vivir miles hazañas surrealistas. Pero los problemas inician cuando el creador de este juego fallece y deja un desafío para encontrar al heredero de este imperio digital.

Más allá de los debates sobre la posibilidad de determinar una herencia usando como base una aventura de este corte, en esta cinta tenemos un debate sobre el derecho de obligaciones, las deudas y la compraventa.

Básicamente porque el Oasis se vuelve un mundo con su propio movimiento económico y la propiedad de la gente se traduce a lo determinado en este paraíso computarizado. Algo que no se aleja al debate actual de las criptomonedas, por citar un ejemplo.

8. La purga y la política criminal (2013)

Hablar de la saga La Purga es interesante porque nos lleva a un futuro no muy lejano y a un tipo de cine muy B, muy John Carpenter. Con una premisa que explora temas políticos y sociales, pero alrededor de un vacío legal gigantesco. Todo muy delirante.

La solución para erradicar las altas cifras de violencia es determinar una noche al año en el que todos los delitos son permitidos, sirviendo como catarsis para toda la nación. En el medio de esa locura, diferentes personajes intentan sobrevivir en un escenario lleno de postales para los amantes del terror y los disfraces de Halloween.

Es inevitable hablar de derecho porque el origen de esta «celebración» proviene de una ficticia enmienda constitucional y se cuestiona el derecho a la posesión de armas que ha definido el estilo de vida americano.

9. Moon y el derecho genético (2009)

Duncan Jones, director especializado en ciencia ficción e hijo del gran David Bowie, nos regala una cinta sobre la soledad y la bioética. Un astronauta que se encuentra en una misión minera en la luna va a regresar a casa luego de tres años, pero descubre una conspiración que le impedirá llegar a su destino.

El gran giro de Moon no es un secreto. Los trailers te anticipan una vuelta de tuerca ligada a la clonación, pero preferimos no dar detalles específicos para que se disfrute el visionado del filme.

Lo que sí podemos mencionar es lo importante que es la defensa de la integridad humana y la necesidad del consentimiento en este tipo de procesos experimentales. Incluso en la secuela indirecta, Mute, podemos ver que este caso llega a juicio. Y es un proceso bastante…singular.

10. El demoledor y la rehabilitación del presidiario (1993)

El demoledor es un clásico de los noventas que ha sido ignorado de la conversación reciente, pero que cumple con esa conducta profética de una propuesta que enfatiza la ciencia de ciencia ficción.

En el año 2035, la sociedad alcanzó una paz utópica que se ve comprometida cuando Simon Phoenix, un brutal criminal del siglo pasado, despierta de la cadena perpetua de criogenización. La única forma de detenerlo es despertar también a su archienemigo, un brutal agente de la ley castigado por sus excesos. Un héroe de antaño, literalmente, interpretado por Sylvester Stallone.

La cinta de Marco Brambilla funciona, creo yo, por el contexto artístico del director. El italiano-canadiense viene de una carrera ligada más a las exposiciones artísticas y no necesariamente al cine, siendo este filme su debut y despedida de Hollywood.

Esta sensibilidad le sirve para proponer temas como la importancia de la rehabilitación de los presidiarios, enfatizando la necesidad de sociabilizar en este proceso tan complejo. Y que es mucho más traumático para mentes tan desequilibradas como la del antagonista interpretado por el legendario Wesley Snipes.

Como pie de página, muchos destacan que el futuro que predice Brambilla, en el que se prohíbe todo tipo de expresiones que puedan ofender a favor de lo que se entiende como paz, es similar a lo que propone «la generación de cristal». Un debate más extenso y que incluye lo que entendemos como libertad de expresión, así que no escapa del tema jurídico.

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