Ocho películas del Studio Ghibli con relevancia jurídica (y todas están en Netflix)

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El cine animado es menospreciado por las audiencias que asumen que todo lo real está hecho solo en carne y hueso. Peor aun, el anime es aun más despreciado por una suma de prejuicios igual de tontos a los que se ven en el primer caso mencionado. Esos hombres de poca fe y un poco ignorantes deberían revisar la obra del Studio Ghibli.

Este estudio de cine animado fue fundado en el Japón de 1985 por Hayao Miyazaky y su mentor, Isao Takahata, creador de Heidi y Marco. Ghibli es el término italiano para describir el viento del desierto sahariano y su traducción al español sería siroco. Obedece al fanatismo que tiene el director por los aviones e Italia, algo que queda en evidencia al ver filmes como El Porco Rosso.

Pero sin duda, las cintas de esta productora tienen un desborde de humanidad que es necesario rescatar y subrayar. Y los entendidos de la carrera jurídica saben que donde hay humanidad, hay derecho. Así que hoy reunimos ocho cintas del Studio Ghibli que todo abogado debería ver. Y todas están en Netflix.

En la superficie estamos ante una historia sobre fantasmas y aislamiento. Pero como en todas las cintas del estudio, hay una conversación humana aquí y esta gira en torno a la adopción. Probablemente uno de los temás más dificiles de tocar dentro del mundo del derecho de familia.

Anna es una joven solitaria y conciente de su naturaleza como hija adoptada. Cuando tiene que viajar a un pueblo lejano por temas de salud, conocerá a la misteriosa Marnie y en el proceso se conocerá a ella misma. Y sobre todo, entenderá mejor su propio origen y como eso se ve reflejado en todas sus relaciones sociales.

Hiromasa Yonebayashi nos regala un clásico para los que nos sentimos fuera de lugar, pero que tenemos una extraña certeza de pertenecer a algún lado. Y una clase de humanidad que todo abogado debería repasar, entre toda la teoría de los libros.

2. La colina de las amapolas (2011)

Si la anterior se resumía con tonos fantásticos, aquí podemos hablar del entusiasmo de los estudiantes y sus vocaciones profesionales en medio de un relato nostalgico. Y con un poco de derecho constitucional a la protesta.

Dos jóvenes intentan evitar la demolición del Quartier Latin, un edificio en el que conviven numerosas asociaciones estudiantiles del instituto de la comunidad. Y en medio de esta lucha por defender el espacio, surgirá una relación que debe luchar contra los enredos tipicos de la edad y los secretos familiares.

Este es el segundo filme de Gorō Miyazaki, hijo del destacado genio que sostuvo el prestigio de la productora. La cinta demuestra que el talento fluye también por sus venas, pero que se encuentra muy lejos del gigantesco legado del padre.

3. La tumba de las luciérnagas (1988)

Para muchos, es una obra maestra indiscutible. Para otros, es una experiencia exageradamente destructiva y demoledora. El autor de este post sostiene que podemos estar en un punto medio, sin dejar de disfrutar la cinta.

Isao Takahata nos propone una cinta bélica que condena completamente estos hechos, a diferencia de otras cintas que parecen romantizar los hechos y crean héroes dentro de la miseria antes que contar historias. Aquí vemos la destrucción de la familia como concepto y el impacto del conflicto para los ajenos al mismo.

En breves palabras, es la historia de un hermano y una hermana que sobreviven por sí solos en medio de tormentas incendiarias y la hambruna de la Segunda Guerra Mundial. En palabras, más complejas, es una metafora sobre el nacionalismo del país asiatico. En general, es una receta perfecta para llorar.

4. El regreso del gato (2002)

La primera cinta del estudio que vio el autor de este texto. Y nuevamente, no hay que quedarse en lo más superficial al momento de definir esta propuesta de Hiroyuki Morita que se siente como la respuesta oriental a clásicos como Alicia en el país de las maravillas.

Aquí una adolescente termina en un reino de los gatos, donde está en medio de un matrimonio arreglado con el príncipe del lugar luego de salvarle la vida. Esto la pone, siendo completamente juridicos, en una situación en contra del libre desarrollo de la personalidad. Y siendo solo humanos, en una situación que la obliga a a crecer.

La cinta es, en teoría, una continuación de Susurros del corazón, ya que rescata a uno de los secundarios que aquí es uno de los protagonistas: El barón.

Para muchos, esta es la respuesta de Hayao Miyazaki a La sirenita de Disney. Pero tambien una critica al control de los padres y la independencia de los hijos, temas que tambien son importantes dentro del derecho.

En pocas palabras, se trata sobre una entidad superior con forma de pez que se vuelve amiga de un niño e intenta vivir en tierra firme. El oxígeno no es la única dificultad aquí, ya que debe lidiar con su padre, decidido a que ella obedezca el destino que le corresponde al ser hija de seres tan poderosos.

La cuota sentimental del relato es clave, pero visualmente es una de las cintas más creativas del estudio. Cintas como las recientes Aquaman o Luca se quedan completamente cortas al tocar escenarios similares, porque la mirada de Miyazaki es única.

De nuevo, si quisieramos reducir todo podriamos decir que un grupo de mapaches que cambian de forma se unen para salvar su hogar en el bosque de las máquinas de unos ambiciosos urbanizadores. Pero no es solo eso.

Esta obra de Takahata es bastante tierna y poco ambiciosa si las comparamos con otras joyas del estudio, pero su comentario a favor del medio ambiente y su crítica en contra del abuso del crecimiento inmobiliario irresponsable la hacen disfrutable y valiosa hoy en día.

Pompoko nos recuerda, en el 2021, a la crisis de los carpinchos en Nordelta (Argentina), donde estos animales están tomando una ciudad que antes era su habitat. Y si hay un tema que sobrevive al final de esta cinta, es el impacto que genera nuestra vida en todos los que están alrededor, humanos o no humanos.

Una de las piezas más complejas dirigidas por Miyazaki. Una de las obras más creativas y que más conversación puede generar, ya sea sobre lo extraña que es su fantasía o los matices legales que podemos encontrar al momento de revisar su trama rápidamente.

Pazu, un niño huérfano que trabaja en una mina de plata, conoce a Sheeta. Ella acaba de caer desde el cielo, luego de que su zeppelin fuera atacado por una banda de piratas conocida como el clan de Dola.

Ambos empezarán a huir y descubrirán que tambien los sigue el gobierno del país, interesados en atrapar a la niña. O tal vez, decididos a robarle la piedra que lleva en su colgante. Y no vamos a spoilear más.

Un dato curioso de la cinta que mencionaremos para evitar caer en lo obvio que es decir que estamos ante una joya,  es que su doblaje mantiene el nombre de una isla importante en la trama: Laputa. Un tributo a las historias de Gulliver, pero que complica a los hispanohablantes cuando se repite constantemente la frase «Nos vamos a Laputa».

8. Mi vecino Totoro (1998)

Este puesto debería ser un bonus track porque hay un aspecto emotivo que prima antes que cualquier revisión jurídica. Mi vecino Totoro es un recordatorio de lo importante que escuchar a los niños y tener en cuenta sus visiones de los problemas que nos atormentan.

Aquí dos hermanas intentan escapar de la realidad que conlleva tener a una madre hospitalizada y un padre que está intentando ser el sostén de su vivienda. De esa forma, conocen a personajes fascinantes como Totoro, que pueden o no ser reales, pero que se vuelve la compañía que esta dupla de niñas necesita.

Podemos decir que la película es autobiográfica, debido a que Hayao Miyazaki vivió una experiencia similar a la de la película cuando era niño y esa sensibilidad proveniente del trauma se puede percibir en todas las cintas dirigidas y producidas por él.

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