Luis Bedoya Reyes: el último cristiano

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Son pocos los abogados que pueden presumir que conocen a su patria tan bien como Luis Bedoya Reyes. En sus 102 años, el histórico «Tucán» conoció la democracia y la dictadura, así como todos los extremos que otorgan esa fascinante locura llamada Perú.

Su cumpleaños fue hace poco y a pesar de las tres cifras alcanzadas, el fundador del Partido Popular Cristiano no pensaba en la muerte. Y los que crecimos viendo su imagen, casi como un sinónimo de la política, no imaginábamos el escenario de su partida. Pero el destino, que a veces parece ensañarse con el peruano promedio, nos quiso dar la contra.

La juventud de Bedoya

Los que lo observaron de lejos o a través de las pantallas, lo recuerdan como un líder sarcástico. La analogía de todo el éxito que puede alcanzarse en nuestro medio. Un representante de una escuela, vieja y respetable, que hoy parece cerrar cancelar todos sus turnos.

Los más cercanos, sin embargo, traducen su singularidad de forma más amena. Lo recuerdan como un abogado que caminaba el equivalente a siete cuadras dentro de su estudio si es que una dolencia no le permitía salir a la calle. Era el adolescente más viejo del mundo, un joven centenario que estaba dispuesto a vivir «hasta que el pellejo aguante».

El político chalaco estudió en el colegio Nuestra Señora de Guadalupe. Sus altas calificaciones lo hicieron llegar becado a la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y con una medalla de oro entregada en una ceremonia que contó con la participación del ministro de Educación de la época.

Dos años después ingresó directamente a la Facultad de Derecho de la misma casa de estudios, algo que logró sin dar un examen debido a su desempeño estudiantil. En 1942 se graduó con una tesis sobre el numeral segundo del Título Preliminar del Código Civil de 1936, un texto llamado La ley no ampara el abuso del derecho. En paralelo y con solo 18 años ya trabajaba en Palacio de Gobierno junto al presidente Oscar R. Benavides.

No olvidemos al momento de mencionar sus vínculo con la carrera que fue miembro de la Academia Peruana de Derecho y doctor honoris causa de la casa de estudios ya citada. Sus amigos, sin embargo, bromeaban con la idea de que él parecía contar con un «doctorado» en casi todos los temas.

Su rol como ministro

Su extensa carrera política no fue un secreto y aquí podría parecer redundante. Fue dos veces alcalde de Lima, miembro de la Asamblea Constituyente, ministro y fundador del PPC.

Si habría que destacar algunos aportes, podría decirse que su soporte a la Constitución de 1979 y su gestión en la capital fueron fundamentales para entender al Perú moderno. Pero esa sigue siendo una opinión personal.

Podemos decir con certeza que fue, para los entendidos, «el presidente que pudimos tener». Fue, además, alguien que se negaba a retirarse, ya que con un centenar de años seguía visitando el estudio de abogados porque se negaba a abandonar la carrera que tanto amaba.

No entendía como las personas se retiraban a cierta edad, para darse al abandono en sus casas cuando tenían (como gustaba decir) pellejo para rato. Se negaba a entender las limitaciones que el tiempo nos impone a la fuerza y tal vez esa sea una buena manera de recordarlo… Como un hombre ajeno a los años, como un amante de la ley. Como un último cristiano de aquellos, en una ciudad del pecado conocida como «la política peruana».

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