El caso Celia Ramos vs. Perú revela un patrón estatal que el país sigue sin leer en clave de crímenes internacionales

Sumario: 1. Introducción; 2. Lo que la Corte dijo; 3. Por qué esto transforma el análisis jurídico; 4. Las obligaciones que se desprenden de la sentencia; 5. El vacío institucional y técnico; 6. Las preguntas que el país ya no puede evitar; 7. Lo que viene: un punto de quiebre; 8. Conclusiones.


1. Introducción

¿Leíste la sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso Ramos Durand y otros vs. Perú? Si lo hiciste con atención, viste algo que casi nadie ha querido mirar. Algo que cambia por completo la lectura jurídica del caso y que, sin embargo, ha pasado casi en silencio en el debate público peruano.

La cobertura mediática se ha concentrado en las reparaciones, en la responsabilidad estatal y en la justicia tardía que llega después de casi treinta años. Pero lo más resaltante y jurídicamente relevante no está en los titulares. Está en el análisis de contexto que hace la Corte IDH. Y ahí, el tribunal dice algo que nunca antes había dicho un órgano internacional sobre las esterilizaciones forzadas en el Perú.

2. Lo que la Corte dijo

En el párrafo 96 de la sentencia, la Corte afirma que el programa de esterilizaciones “respondió a una política estatal” y que tuvo un “carácter masivo”, afectando a un “número significativo de mujeres, especialmente aquellas en situación de vulnerabilidad”. Más adelante, en el párrafo 100, señala que la política se implementó mediante “metas numéricas” y “presión institucional” sobre el personal de salud.

Estas no son expresiones retóricas. Son categorías jurídicas. Y están en una sentencia vinculante para el Estado peruano.

Lo decisivo es que ningún tribunal internacional había reconocido antes, de manera tan explícita, que las esterilizaciones forzadas formaron parte de una política pública diseñada y ejecutada desde el aparato estatal. No como hechos aislados. No como excesos individuales. No como errores administrativos. Como política estatal masiva. Ese reconocimiento cambia todo.

3. Por qué esto transforma el análisis jurídico

Las palabras que usa la Corte IDH: política estatal, carácter masivo, metas, presión institucional, afectación a un grupo específico, coinciden con los elementos contextuales del Derecho Penal Internacional (DPI). Son los mismos criterios que utiliza el Estatuto de Roma para analizar crímenes internacionales, incluidos los crímenes de lesa humanidad.

La Corte IDH no es un tribunal penal y, por tanto, no puede calificar los hechos como tales. Pero sí puede, y en la sentencia además lo hizo: fijar hechos probados. Y los hechos que fijó encajan con precisión en los elementos que el Derecho Penal Internacional (DPI) utiliza para identificar patrones criminales de carácter estatal.

Aquí es necesario hacer una precisión fundamental: esto no implica afirmar una calificación penal específica, sino reconocer que los hechos fijados por la Corte obligan a una investigación con estándares del Derecho Penal Internacional (DPI).

4. Las obligaciones que se desprenden de la sentencia

Si la Corte IDH ha establecido que existió una política estatal masiva, entonces el Estado peruano no puede seguir investigando estos casos como si fueran hechos aislados, delitos comunes o negligencias médicas. Debe investigarlos como lo que la Corte describió: un patrón estructural, una política pública, una práctica masiva.

¿Y qué significa esto para el Perú? Significa que la sentencia no solo obliga a reparar. Además, obliga a investigar, juzgar y sancionar con un enfoque de macrocriminalidad, es decir, con los estándares del Derecho Penal Internacional (DPI): análisis de patrones, estructuras de poder, cadenas de mando, políticas públicas como posibles contextos criminales, responsabilidad por acción y por omisión, investigación de niveles superiores de decisión, etc.

El problema es que el Perú no tiene un desarrollo sólido del DPI. No tiene doctrina consolidada, ni práctica judicial consistente, ni formación especializada en operadores de justicia, ni un marco normativo interno adecuado para investigar crímenes internacionales.

En otras palabras: la Corte ha fijado hechos que obligan al Estado a actuar con estándares del DPI, pero el Estado no tiene las herramientas para hacerlo.

5. El vacío institucional y técnico

Este no es un reproche al Estado peruano ni un reproche político. Es un diagnóstico jurídico. Para investigar patrones masivos, el Estado necesita: especialistas en Derecho Penal Internacional, capacidad para analizar estructuras y cadenas de mando, metodologías para investigar políticas públicas como patrones criminales y una legislación que permita calificar e investigar crímenes internacionales.

Hoy, el Perú no cuenta con ese andamiaje. Y, sin embargo, la sentencia obliga a actuar como si lo tuviera.

6. Las preguntas que el país ya no puede evitar

Después de esta sentencia, el Perú necesita responder preguntas que hasta ahora no han entrado en la discusión pública:

  • ¿Está preparado para investigar estos hechos desde el enfoque del Derecho Penal Internacional?
  • ¿Implica la sentencia que las esterilizaciones deben analizarse como crímenes de lesa humanidad?
  • ¿Debe reformar su legislación penal para cumplir con sus obligaciones internacionales?
  • ¿Debe investigarse la cadena de mando del programa?
  • ¿Puede el sistema de justicia investigar una política estatal masiva sin especialistas en Derecho Penal Internacional?
  • ¿Qué significa esto para las miles de mujeres que no están en el caso Ramos, pero vivieron lo mismo?

Estas preguntas ya no pueden postergarse.

7. Lo que viene: un punto de quiebre

La sentencia del caso Ramos no es solo un acto de justicia histórica. Es un punto de inflexión jurídico. La Corte IDH ha puesto sobre la mesa palabras que obligan al Estado a mirar de frente lo que ocurrió en los años noventa. Y a hacerlo con el estándar que corresponde a los hechos que ella misma ha reconocido.

El país ya no puede seguir mirando hacia otro lado. No basta con reparar a una familia. No basta con reconocer un caso emblemático. Lo que ocurrió fue más grande, más profundo y estructural de lo que se ha querido admitir durante décadas.

Quien quiera entender lo que viene tendrá que leer la sentencia con seriedad, asumir sus implicancias y empezar a construir las capacidades que el Perú no tiene, pero que ahora necesita con urgencia.

Y, sobre todo, habrá que recordar que detrás de cada categoría jurídica, de cada párrafo de la sentencia y de cada obligación internacional, hay vidas concretas. Mujeres que enfrentaron situaciones profundamente dolorosas, que cargaron con sus experiencias en silencio durante años y que, aun así, siguieron adelante.

Ellas no necesitan tecnicismos: necesitan verdad, reconocimiento y un país que las escuche con la seriedad que merecen. Si esta sentencia abre una puerta, que sea para ellas. Para que sus historias, tantas veces relegadas, ocupen por fin el lugar central que siempre debieron tener en la búsqueda de la verdad, la justicia y la dignidad.

8. Conclusiones

La sentencia del caso Ramos Durand y otros vs. Perú marca un antes y un después en la forma en que el país debe enfrentar las esterilizaciones forzadas. No se trata únicamente de reparar, sino de investigar y sancionar con estándares internacionales.

El reto para el Estado peruano es monumental: construir capacidades jurídicas e institucionales que hoy no tiene, pero que la sentencia exige. El desafío es doble: cumplir con las obligaciones internacionales y, al mismo tiempo, responder con justicia y dignidad a las miles de mujeres que esperan verdad y reconocimiento.

Referencias

Corte Interamericana de Derechos Humanos. (2025). Caso Ramos Durand y otros vs. Perú (Excepción Preliminar, Fondo, Reparaciones y Costas). Sentencia del 25 de noviembre de 2025.


Sobre el autor: Richard Carlos Meza, es Abogado especializado en derecho internacional de los derechos humanos y en la actuación de los tribunales internacionales. Cuenta con formación avanzada en terrorismo internacional, criminalidad organizada transnacional y seguridad global. Además cuenta con formación internacional avanzada respaldada por múltiples certificaciones de la United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC). Posee una maestría en Derecho y Justicia Penal Internacional por Kennedy University, desarrollada en colaboración académica con el United Nations Interregional Crime and Justice Research Institute (UNICRI). Ha participado en la International Criminal Court Moot Court Competition del International Institute of The Hague (IIH) y en la Competencia Interamericana de Derechos Humanos “Eduardo Jiménez de Aréchaga”, evaluando argumentos orales y escritos de equipos universitarios de diversas regiones del mundo bajo estándares del Estatuto de Roma y criterios jurisprudenciales del Sistema Interamericano. Es analista juridico internacional y autor de artículos jurídicos publicados en medios especializados de alcance regional e internacional. Su trabajo académico se orienta a comprender cómo opera el derecho internacional frente a los desafíos contemporáneos de la seguridad global. Ha desarrollado una línea de investigación que articula el uso de la fuerza, la protección de los derechos humanos, el derecho penal internacional y la respuesta jurídica ante fenómenos transnacionales que desbordan las capacidades estatales tradicionales. Esta perspectiva le permite construir una visión integral, comparada y crítica del sistema internacional de justicia.

Contacto Profesional: [email protected]

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Abogado peruano especializado en derecho internacional de los derechos humanos. Cuenta con formación internacional certificada por la United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC) y posee una maestría en Derecho y Justicia Penal Internacional por Kennedy University en colaboración académica con el United Nations Interregional Crime and Justice Research Institute (UNICRI). En 2026, fue seleccionado mediante un proceso internacional de evaluación para desempeñarse como juez de audiencias orales en el International Criminal Court Moot Court Competition, organizado por el International Institute of The Hague en los Países Bajos, y se desempeñó como jurado de memorial en la edición 2025. Asimismo, fue elegido para participar en la mesa de seguridad hemisférica y crimen organizado transnacional en el marco de las actividades académicas de la Cumbre de las Américas 2025, organizada por la Organización de los Estados Americanos (OEA). También fue seleccionado como persona juzgadora en la XXVIII edición de la Competencia Interamericana de Derechos Humanos Eduardo Jiménez de Aréchaga, una de las competencias más reconocidas en la región. Su trayectoria profesional se ha consolidado en el estudio de los marcos jurídicos que regulan el uso de la fuerza en contextos transnacionales, la protección de los derechos humanos en escenarios de seguridad global y el fortalecimiento del derecho internacional como herramienta frente al crimen organizado transnacional. Integra, además, experiencia en la conducción y evaluación de audiencias orales en competencias internacionales.