Psicología del testimonio: contraexamen no sirve para destruir o «emboscar» al testigo [Exp. 001-2016]

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Sumilla: Esta práctica desnaturaliza —pervierte— el contraexamen pues se interroga no con el fin de producir información o encontrar contradicciones sustanciales entre el relato del testigo en juicio con su declaración previa, sino que el fin de esa exigencia de abundante información —con precisión y detalle puntual— es «evidenciar contradicción»; no obstante que se trata de inexactitudes semánticas o imprecisiones propias de la data del relato testimonial —que en el presente caso corresponde a hechos que habrían sucedido hace 36 años— u otro factor que interfiere en la memoria del testigo (explicable solo desde la psicología del testimonio)


CORTE SUPERIOR NACIONAL DE JUSTICIA PENAL ESPECIALIZADA
Exp. N° 001-2016-0-5001-SP-PE-01

Lima, 4 de marzo de 2021

I. ANTECEDENTES

Conforme al estado del juzgamiento y el desarrollo del examen de testigos, la forma como se examina y reexamina a los testigos con preguntas con pretensión de exhaustividad de hechos realizados hace 36 años, apreciando la barrera del idioma y otras barreras particulares.

II. CONSIDERACIONES

1. De la prueba testimonial en juicio

En las audiencias de juzgamiento oral del proceso ordinario y del actual proceso penal común, la actuación de la prueba testimonial corresponde a un aproximado del 85 % de todas las pruebas. Aún desde el modelo mixto-inquisitivo del Código de Procedimientos Penales, la información probatoria producida por la prueba testimonial es predominante en la justificación probatoria de las decisiones judiciales, por esa razón los sujetos procesales inciden con intensidad en su actuación, pero en muchos casos exceden la razonabilidad de su actuación, poniéndose en relieve el deber de control que describe el artículo 216 del Código de Procedimientos Penales.

2. Así, con error se considera que extensos interrogatorios y contrainterrogatorios son adecuados para encontrar contradicciones con las manifestaciones o declaraciones dadas a nivel de la investigación o de la instrucción. Hallar o exponer cualquier inexactitud o empleo de términos distintos a los empleados en la declaración previa para evidenciar contradicción» es propósito espurio de la litigación oral. Examinar testigos no procura destruirlos personalmente[1], sino, incorporar información de calidad para fundar el pronunciamiento judicial.

3. Por la amplitud de la información, es un efecto necesario de extensos contrainterrogatorios que se encuentre una imprecisión que se presenta como «contradicción». La perfecta y literal correspondencia entre lo dicho entonces y lo expresado en audiencia es, en realidad, un motivo para ahondar en la espontaneidad de la declaración en función a su complejidad o sencillez, porque el recuerdo no es necesariamente estático y su descripción difícilmente será –siempre– idéntica en expresiones verbales y no verbales. La perspectiva formalista de hallar imprecisiones para presentarlas como contradicciones subsiste en la actualidad tanto en el viejo como en el nuevo modelo procesal.

4. Esta práctica desnaturaliza –pervierte– el contraexamen pues se interroga no con el fin de producir información o encontrar contradicciones sustanciales entre el relato del testigo en juicio con su declaración previa, sino que el fin de esa exigencia de abundante información –con precisión y detalle puntual–, es «evidenciar contradicción»; no obstante que se trata de inexactitudes semánticas o imprecisiones propias de la data del relato testimonial –que en el presente caso corresponde a hechos que habrían sucedido hace 36 años– u otro factor que interfiere en la memoria del testigo (explicable solo desde la psicología del testimonio)[2].

5. Contrainterrogar a los testigos con formatos preelaborados, configurados con el objeto de encontrar aparentes «contradicciones», es someter a un riesgo al precario proceso de recuperación de memoria del testigo –no debe olvidarse que la forma de interrogar influirá en el proceso de recuperación del recuerdo[2]–. Ni siquiera las dudas técnicas de litigación de corte adversarial siguen este patrón, pues dado que se trata de un testigo adverso se aconseja que las preguntas del contrainterrogatorio sean pocas y por tópicos. Ni siquiera el contraexamen es una técnica para destruir o «emboscar» al testigo, como se ha malinterpretado e impuesto paulatinamente, en la práctica permitida por ausencia de control judicial. Sin embargo, estás técnicas cuando son aplicadas acríticamente y de manera similar en todos los casos, si no consideran la heterogeneidad de la fuente de prueba, devienen en una fuente productora de litigio indirecto.

2. Base normativa y litigación

6. Base normativa Con la implementación del Código Procesal Penal de 2004, se difundieron con intensidad técnicas de litigación como pautas prácticas, pero aplicables considerando un contexto de corto tiempo desde la producción de los hechos. Sin embargo, las reglas del Código de Procedimientos Penales, regulan que:

Artículo 250.- DECLARACIONES DISÍMILES
Si el presidente notare diferencias en puntos importantes entre las declaraciones prestadas en la instrucción y en la audiencia, procurará mediante preguntas apropiadas, que se explique clara y detalladamente la razón de esas divergencias.

Artículo 252.- DECLARACION DISTINTA A LA DE LA INSTRUCCIÓN
El presidente, de oficio o a petición del fiscal, del acusado, del defensor o de la parte civil, puede ordenar que el secretario escriba inmediatamente la parte de la declaración evacuada en la audiencia que esté en disconformidad con la prestada en la instrucción. La parte de la declaración de un testigo que por este motivo se escriba especialmente, le será leída para ver si se conforma con ella.

7. Las técnicas de litigación deben adecuarse a esta base normativa y no a la inversa; en efecto, no son las técnicas las que configuran el sentido normativo de los dispositivos normativos, sino que la organización de las técnicas tiene su límite y fundamento en los dispositivos normativos.

Memoria a largo plazo

8. La consideración de este tópico exige la previa descripción de los antecedentes cronológicos del caso y del aporte probatorio de los testigos.

– Los hechos imputados en la acusación se habrían suscitado en el año 1984.

– Algunos de los testigos fueron entrevistados por la Comisión de la Verdad en el año 2002, 18 años después.

– Luego prestaron su declaración a nivel de la Fiscalía, entre los años 2006 y 2071, esto es 20 a 24 años después.

– Posteriormente, también algunos prestaron su declaración a nivel judicial en la etapa de instrucción en el año 2015.

– Finalmente, lo hicieron en el año 2021, aproximadamente 36 a 37 años después de la fecha en que se habrían suscitados los hechos (1984).

[Continúa…]

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[1] En el proceso de reforma procesal penal latinoamericano, los límites del contrainterrogatorio ha sido un tema ampliamente discutido. Un modelo cuestionado por la doctrina se:

«centraba, básicamente, en discutir con el testigo. Bajo la idea de ‘yo me encargo de destruir al tonto’, el interrogatorio consistia en una ametralladora de preguntas, seguidas unas de otras, de las que no se esperaba la respuesta del testigo sino tan solo dejarlo en ridículo, al demostrar incoherencias en su narración, lo que obviamenteno siempre sucedía». RUA, Gonzalo. Contraexamen de testigos. Buenos Aires: Ediciones Didot, 2014. p. 30.

[2] Si bien esta disciplina nació a fines del siglo XIX, entre sus principales campos de estudio actualmente se encuentran los factores de exactitud del testimonio, la identificación, la obtención de declaraciones, la credibilidad y el testimonio en casos de agresiones sexuales. Ver: MANZANERO, Antonio L. «Hitos de la historia de la psicología del testimonio en la escena internacional. En: Boletín de Psicología, 100, 2010, pp. 89-104.

[3] Así, por ejemplo, Margarita Diges analiza los interrogatorios policiales en los siguientes términos:

“De un modo general, los funcionarios de la policía no tienen en cuenta que su forma de actuar tiene consecuencias negativas sobre la memoria de testigos y víctimas. Habitualmente no son conscientes de que su procedimiento para interrogar a los testigos puede llevar a estos a modificar su memoria de lo ocurrido (…) lo mismo que el permitir que los testigos comenten entre ellos lo sucedido». DIGES, Margarita. Testigos, sospechosos y recuerdos falsos. Estudios de Psicologia Forense. Madrid: Trotta, 2016, p. 55.

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