Pedro Planas Silva y la educación peruana, por Iván Montes Iturrizaga

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Este 7 de octubre se cumplieron 20 años de la repentina y temprana muerte del politólogo, comunicador y escritor Pedro Planas Silva. Tenía solo 40 años de edad y, a pesar de su juventud, ya había publicado cientos de artículos (probablemente más de mil) y alrededor de 25 libros en diversos campos tales como el derecho constitucional, los partidos políticos, la descentralización y la epistemología, entre otros. Merece, también, destacarse su emblemática presencia como articulista en la Revista Oiga; su bastión periodístico donde siempre se sintió como pez en el agua.

Pedro Planas poseía una extraordinaria inteligencia, carisma e identidad académica que relucía en los diferentes programas noticiosos (televisivos y radiales) donde solía participar. Él, como buen comunicador que era, nos ayudaba a comprender lo político en complejidad. Su ejercicio intelectual constituía en una especie de síntesis entre lecturas, diálogos, debates de altura y, sobre todo, el pensar críticamente en contexto.

Recuerdo, como si fuera ayer, su departamento en la calle Recavarren en Miraflores. Un pequeño espacio de aproximadamente unos 45 metros cuadrados que de vivienda tenía poco y de biblioteca mucho. Al entrar una mesa circular de madera barnizada hacía las veces de escritorio daba la bienvenida a los visitantes; muchos de ellos ilustres. Sobre ella, una máquina de escribir con carcasa metálica de color turquesa era el objeto más notorio. Luego, su taza naranja («la preferida») y una pila de papeles, libros apuntes y decenas de invitaciones a eventos académicos. En las habitaciones libros, revistas, documentos y folders con sus anotaciones de puño y letra. Tenía una sección especial con los recursos bibliográficos que trajo de España cuando cursó su posgrado en Derecho Constitucional y Ciencias Políticas (en el Centro de Estudios Constitucionales de Madrid) y el diploma en Derechos Humanos y Ordenamiento Jurídico (Universidad Complutense de Madrid). Pedro, era un extraordinario comunicador formado en la Universidad de Lima y no abogado como muchos hasta el día de hoy creen. No obstante, era uno de los constitucionalistas más entendidos en el país.

Fuimos excelentes amigos desde el primer día en que nos conocimos allá en octubre del año 1991. Y, al poco tiempo, me presentó al director de la Revista Oiga —Francisco Igartua— para escribir sobre políticas educativas. Se convirtió, de esta manera, en mi mentor, guía y maestro en el periodismo. Luego, grata fue mi sorpresa al comprobar que, al menos 15 jóvenes (casi todos abogados recién egresados), eran motivados por él para escribir en medios impresos. También, tuvimos la oportunidad de trabajar juntos en proyectos editoriales, de capacitación docente y de formación política.

Al año siguiente, y luego del autogolpe del 5 de abril, la figura de Pedro Planas cobraría gran relevancia al develar, con agudeza, las implicancias asociadas al quiebre del orden constitucional. Se consolida, bajo esta coyuntura, un Planas defensor de la democracia. Fue un ferviente descentralista, un constitucionalista comprometido y un defensor de las libertades.

Se identificó con la democracia cristiana y tuvo gran cercanía con el Instituto de Estudios Social Cristianos; vinculación que gestó importantes frutos en forma estudios, libros, foros y espacios de reflexión.

También, Pedro Planas fue un gran educador interesado en que se enseñe en la secundaria una historia nacional objetiva, desmitificada y crítica; alejada de las habituales prácticas centradas en la memorización mecánica de fechas, batallas, nombres y tratados internacionales. Debido a esto, lo invité como profesor para que imparta seminarios en el Consorcio de Centros Educativos Católicos; organización que siempre él valoró, respetó y reconoció por su defensa irrestricto a la libertad de enseñanza, al concordato y a la formación integral de la persona humana. Además, incursionó en la docencia en el nivel superior; donde fue considerado profesor visitante en varias universidades de Lima, Arequipa y Trujillo. Asimismo, en su alma mater (pero en la facultad de derecho) se desempeñó brillantemente como profesor en la cátedra de Derecho Constitucional.

Su paso por las aulas peruanas como profesor no pasó desapercibida pues acuñó un estilo de enseñanza dialógica vertebrada por el respeto, la mayéutica, el humanismo y el interés por que se aprenda de forma significativa. Quizá, quien lo describió de mejor manera en su faceta como educador fue el doctor Augusto Ferrero Costa (exdecano de derecho de la Universidad de Lima):

afabilidad, bondad, sencillez y honradez en su comportamiento (…) fueron las virtudes que adornaban la riquísima personalidad de Pedro Planas. A estas virtudes debemos de agregar su entereza y la consecuencia que siempre predominó en su línea de pensamiento (Jurídica N.° 400, Especial de Pedro Planas, 2012).

Pocos años ante de su deceso escribió el texto escolar «Estado y Ciudadanía» que se usó en el programa piloto del Bachillerato Peruano. Este libro, que ganó la convocatoria del Banco Mundial, fue censurado a finales de los 90 y publicado gracias a la acción Dr. Marcial Rubio Correa en cuanto asumió como ministro de educación. Es importante mencionar que parte importante este libro corresponde a las clases del curso de Historia Republicana que Pedro impartió (en 1998 y 1999) en el Colegio León Pinelo (Lima). Este texto refleja el espíritu crítico, la vena didáctica y la inteligencia de su autor. Por este motivo, la crítica de la época coincidió en destacar que esta contribución de Pedro Planas se constituía en un hito que transformó la manera de encarar la educación cívica en el Perú. Es más, este libro propone un currículo de formación ciudadana que bien podría extenderse a todo el nivel secundario. Para los que no lo han leído recomiendo su lectura.

Reflexión final

Existe un legado vigente de Pedro Planas Silva para la educación peruana. Un legado materializado en textos, libros, artículos y en el recuerdo de todo aquel que tuvo la ocasión de escucharlo. Un legado también como maestro modélico en todo el sentido de la palabra. Un legado que hoy en día merece ser avivado a fin de animar a todo el sistema educativo el amor al Perú, la defensa del sistema democrático y el interés por una historia nacional en contexto.

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