¿Es necesario objetivar a un cadáver humano? Un poco de ética aplicada a las ciencias forenses

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Sumario: 1. Introducción, 2. El cadáver humano, 3. Necroética, 4. Tratamiento ético del cadáver humano, 5. Conclusiones. 6. Referencias.


1. Introducción

En el campo forense, cuando se escucha hablar de cadáveres humanos, es frecuente que los sentimientos del perito entren en conflicto, ya sea por sus creencias religiosas o por el tiempo de experiencia que posee y que le permite controlar mejor la situación emocional de la cual puede ser presa.

Ante ello se plantean las siguientes interrogantes: ¿el perito forense debe olvidarse de sus creencias y principios?, ¿es necesario objetivar al cadáver para poder realizar un trabajo óptimo dejando de lado los sentimientos?, ¿es posible tratar al cadáver como si estuviera vivo sin interferir con la labor pericial?

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2. El cadáver humano

La Real Academia Española señala que objetivar es dar carácter objetivo a una idea[1]. Asimismo, indica que cadáver es un cuerpo muerto[2] y que occiso está referido a un muerto violentamente[3].

Durante los años como perito forense es posible tener ante los ojos casos como los siguientes:

a) Un cadáver es hallado en avanzado estado de descomposición y no es posible identificarlo plenamente. Entonces, el perito experto en papiloscopía decide cortar el dedo índice derecho del cuerpo con la finalidad de llevarlo al laboratorio y realizar una regeneración de los pulpejos necrodactilares.

b) Un docente que imparte la asignatura de criminalística menciona a sus estudiantes que cuando una persona fallece su cuerpo se convierte en un objeto.

Es preciso mencionar que la ética comprende el comportamiento correcto de la persona, permitiendo al ser humano discernir el bien del mal, y que la transgresión de reglas o normas vigentes en la sociedad resulta en actitudes poco éticas[4].

Al igual que todas las profesiones, las ciencias forenses se rigen por prácticas y principios éticos que incluyen responsabilidades y deberes, con el objetivo de mejorar no solo la experticia técnica sino también la calidad humana del especialista forense[5].

3. Necroética

La necroética considera las relaciones afectivas y simbólicas en torno al cadáver, así como al valor intrínseco de los cuerpos y sus componentes anatómicos, histológicos y aún genéticos, como extensión de la dignidad humana, que no acaba con el término de la vida[6].

La dignidad es un valor constante que trasciende el hecho de la muerte, pues el cuerpo inerte perteneció a una persona y constituye un conjunto de memorias y relaciones con otros individuos; en este sentido, se le confiere respeto y a esto se le llama dignidad póstuma[7].

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4. Tratamiento ético del cadáver humano

Los conflictos relacionados con la manipulación del cuerpo muerto son resueltos, en general, de manera práctica según el mejor entendimiento de las personas que deben obrar con ellos. Por lo tanto, muchas de las acciones sobre el cadáver se realizan ignorando toda exigencia y se les legitima apelando a una tradición de prácticas más o menos instaladas. De esta forma, la pertinencia y licitud de ciertas conductas pueden ser superadas mediante una reflexión ético-filosófica sobre estas y sobre los conflictos que se generan[8].

No obstante, lo mencionado en el párrafo anterior no impedirá que se efectúen los protocolos establecidos por las diversas instituciones encargadas de formar y enviar a los peritos forenses cuando se les requiera, como se dijo, siempre teniendo en cuenta el factor ético y legal, es decir, la objetividad sin llegar a la subjetividad.

Lamentablemente, es frecuente considerar al cadáver no como “alguien” sino como “algo”, y cuando se llega a este punto, por lo general se ejerce violencia contra los cuerpos humanos muertos. Esta violencia puede materializarse, por ejemplo, cuando se realizan mutilaciones innecesarias para identificar a cadáveres llamados “NN”. Decir innecesario no excluye que pueda realizarse, no sin antes agotar la posibilidad de llevar a cabo un procedimiento alternativo que permita identificar plenamente al cuerpo sin vida.

5. Conclusiones

a) El reconocimiento de la dignidad de la persona muerta demanda de prácticas específicas de respeto, ello contribuye a una práctica más humana, sin dejar de ser objetivos.

b) El cadáver constituye una fuente interminable de aprendizaje, sobre el que se llevarán a cabo protocolos y procedimientos propios de la labor pericial, sin dejar de lado su dignidad póstuma.

c) Cuando se labora con necroética en casos judicializados, el trabajo pericial es íntegro, profesional y respetuoso de los principios y valores de la sociedad.


[1] Real Academia Española. Diccionario de la lengua española [Online]. 2014 [consultado el 19 de agosto de 2021]. Disponible en: https://dle.rae.es/objetivar.

[2] Real Academia Española. Diccionario de la lengua española [Online]. 2014 [consultado el 19 de agosto de 2021]. Disponible en: https://dle.rae.es/cad%C3%A1ver?m=form.

[3] Real Academia Española. Diccionario de la lengua española [Online]. 2014 [consultado el 19 de agosto de 2021]. Disponible en: https://dle.rae.es/occiso?m=form.

[4] Siegel JA. General forensic ethical dilemmas. Primera edición ed. DOWNS JU, editor. Savannah, GA, Estados Unidos: Elsevier; 2021.

[5] De Barros F, Kuhnen B, da Costa Serra M, da Silva Fernandes CM. «Ciencias forenses: principios éticos y sesgos». Revista Bioética. 2021 marzo; 29(1).

[6] Pinto BJ, Gómez AI, Marulanda J, León AH. «Necroética: el cuerpo muerto y su dignidad póstuma». Repertorio de Medicina y Cirugía. 2018 enero 27(1).

[7] Arriaga-Deza EV. «Dignidad y dignidad póstuma: respeto al paciente y al fallecido». Revista Cuerpo Médico HNAAA. 2020 octubre 13(3).

[8] Perosino MC. «Praxis, ética y derechos humanos en torno al cuerpo muerto». Tesis para la obtención del grado de doctor. Buenos Aires: Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras; 2013. Report.

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