Cervantes a través de un penalista. Apuntes sobre «Rinconete y Cortadillo anotada por Julio Armaza»

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La fama literaria de Miguel de Cervantes Saavedra opaca algunos de los otros conocimientos que el español presumió. Entre ellos, un enciclopédico entendimiento sobre el derecho.

El «Manco de Lepanto» no fue jurista ni estudió profesionalmente la materia. Su experiencia con lo jurídico se moldeó a lado de los reos en más de una ocasión.

Orígenes de «Rinconete y Cortadillo»

Específicamente, estuvo en la cárcel en cuatro ocasiones. La primera en Castro del Río en 1592 por venta ilegal de trigo, al ser comisario en el suministro de ese recurso. La segunda en la Cárcel Real de Sevilla, durante 1597, por causas injustas basadas en las rivalidades con un juez. Ojo, según los historiadores.

La tercera ocasión fue la de mayor duración, hacia 1601, en la misma prisión sevillana, esta vez por irregularidades en las cuentas presentadas a la Hacienda Real. Y la cuarta y última ocasión, en 1605, en la cárcel de Valladolid.

No son pocos los libros y testimonios de la época que describen a Sevilla y su mundo criminal como un ambiente sórdido. Durante esos años aparece el Quijote en la mente de Cervantes, pero no es sorpresa saber que dicho periodo fue también la inspiración para «Rinconete y Cortadillo«.

Tampoco es una cuestión de asombro que sea un abogado el que se interese en promover  esta última novela, como es el caso de Julio Armaza Galdos, quien ya nos tiene acostumbrados a este tipo de empresas académicas.

El penalista de la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa publicó una edición de «Rinconete y Cortadillo» que incluye una detallada serie de anotaciones para el mayor entendimiento de la historia.

El viaje del pícaro 

Pero antes de detallar el aporte de Armaza, repasemos la historia creada por Cervantes. Pedro del Rincón (Rinconete) y Diego Cortado (Cortadillo) hacen su primera aparición muy mal vestidos y presumiendo sus dotes delincuenciales. Como maestros de los naipes y el robo, forjan una alianza convertida en amistad.

Comienza de esta forma un tour por el inframundo delincuencial de una ciudad cautivadora. Aparece una serie de personajes decadentes que se dividen en una fauna rica en su narrativa, llena de opuestos. El lector se sumerge en un mar lleno de rufianes, mendigos, rameras, alguaciles y escribanos.

Al mostrar el mundo a través de dos jóvenes que recurren al crimen para sobrevivir, Cervantes se detiene a analizar el problema de fondo que es la desigualdad social, mientras recorre con pasión las cuestionables vivencias que propone el hampa como única alternativa.

La lectura es también un análisis sobre la figura del pícaro. Los «héroes» se forman en un viaje sin honor y sin beneficios, alejados de lo que se entendía como la clase alta y sus ventajas.

Estamos ante una radiografía de Sevilla, España y el mundo con el pulso de un hombre que conoció la dicha de las letras y la soledad de una celda.

Explicaciones académicas 

Vayamos ahora a los aportes desde el presente. Además de lo que podemos suponer para justificar el interés de un abogado por la obra del genio español, Armaza explica en su introito que, según los que saben, hubiera bastado con esta historia para incluir a Cervantes en el parnaso en el que campea hogaño.

En ese sentido, la intervención académica del letrado aporta a la contextualización de la mística sevillana para el lector peruano promedio. Gracias a su juicio descubrimos que la expresión «casa llana» hace alusión a que las moradoras de estos espacios se allanaban a los requerimientos de los visitantes. Esto por dar un solo ejemplo de las labores interpretativas de abogado.

Además, hay oportunidades en las que el letrado aporta aún más al momento de hacer las comparativas con el escenario nacional. Específicamente, con la realidad de su natal Arequipa.

De esa forma, procede a explicar que la aldabilla mencionada en el libro vendría a ser lo que nosotros conocemos como una picota, una estructura utilizada para ejercer justicia de forma pública. Con eso en mente, relata el uso de la picota erigida frente al ayuntamiento de la Ciudad Blanca.

Esa picota es mencionada incluso en el acta de fundación de la ciudad mistiana bajo los siguientes términos:

Y su merced en el dicho nombre puso la cruz en el sitio que viene señalado para la iglesia, y asimismo puso la picota en la plaza de dicha villa…

Entre la prosa de Cervantes y los apuntes de Armaza, estamos ante un cóctel intelectual que se vuelve una cita obligatoria para los amantes de la literatura española y los fanáticos del detalle histórico.

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